Hay partidos que pueden ser malos y nada más. Y hay otros que, por el contexto y por la repetición de errores, obligan a encender una luz de alarma. El de Gabriel Neves ante Vélez entra en esta segunda categoría. El uruguayo tuvo una noche para el olvido en Liniers y quedó directamente involucrado en la jugada que terminó definiendo el partido: perdió la referencia de Thiago Silvero, quien apareció con libertad para convertir el 1-0 del Fortín.
Pero el problema no es solamente esa acción. Neves no logró hacerse dueño de la mitad de la cancha, no recuperó pelotas, perdió presencia en la marca y prácticamente no pudo darle al equipo la dinámica que necesita en esa zona. En un Estudiantes que pretende competir en varios frentes, el mediocampista central tiene que ser mucho más que un buen pasador ocasional. Y hoy el uruguayo parece estar lejos de esa versión.
La situación adquiere todavía más peso porque Alexander Medina conoce perfectamente a Neves. El entrenador lo hizo debutar en Nacional y sabe qué puede darle y qué espera de él. Por eso resulta significativo que, ante la falta de respuestas en esa posición, haya pedido un nuevo mediocampista. Jalil Elías llegó justamente para reforzar una zona en la que el cuerpo técnico necesitaba más alternativas y competencia. El ex Tigre ya se entrenó con el plantel y fue convocado para el partido ante Vélez.
El dato más contundente llegó en el propio partido: Medina decidió sacar a Neves en el entretiempo, después de una primera mitad que el propio entrenador calificó como la peor de su ciclo en Estudiantes. El Cacique habló de un rendimiento individual y colectivo “muy por debajo de sus posibilidades”.
Neves todavía tiene margen para revertir la historia. Pero necesita hacerlo rápido. Estudiantes no puede darse el lujo de tener un volante que no recupere, no imponga presencia y apenas aparezca en la circulación. Con la Copa Libertadores entrando en una etapa decisiva y con objetivos importantes por delante, Medina necesita respuestas concretas en el medio. Y la llegada de Elías puede ser mucho más que una incorporación: puede convertirse en una señal de que, para el entrenador, el puesto está abierto y nadie tiene la titularidad asegurada.


