Hay regresos que simplemente son una vuelta a casa. Y hay otros que parecen una reivindicación. Ignacio Miramón está escribiendo el segundo capítulo de su historia en Gimnasia de una manera que entusiasma a todo el pueblo tripero: después de pasar por Lille y Boca, volvió al Bosque y hoy parece ser un jugador todavía mejor que aquel que se fue.
Ante Tigre tuvo una actuación descomunal. Fue el corazón del equipo de Ariel Pereyra, el hombre que sostuvo la intensidad, recuperó, presionó y se hizo dueño de una mitad de cancha en la que Gimnasia terminó imponiendo condiciones. No fue casualidad que las principales evaluaciones del partido lo señalaran como la figura: fue el abanderado de la presión y también el encargado de darle claridad a la salida.

Y Miramón jugó el partido como lo siente la gente. Con el cuchillo entre los dientes, pero también con calidad. En una de las tantas acciones que terminaron levantando al Bosque, se animó a meter un caño de esos que no se olvidan, una muestra de confianza que resume su presente. Ya no es solamente aquel pibe que recuperaba pelotas y corría por todos: ahora juega con otra personalidad, con más pausa y con una jerarquía que se nota.
Por eso la ovación de los hinchas tuvo un significado especial. Miramón volvió para ser protagonista, después de una experiencia europea que no terminó de darle la continuidad que seguramente esperaba. Gimnasia consiguió su regreso a préstamo desde Lille a comienzos de este año y el volante volvió a ponerse la camiseta que lo vio nacer.
Y el presente parece darle la razón a quienes esperaban este regreso. Contra Tigre completó los 90 minutos y fue uno de los grandes responsables de que el Lobo se quedara con un triunfo que lo mantiene en la pelea de arriba. Gimnasia recuperó a Miramón, pero quizá haya recuperado algo todavía más importante: a un volante que regresó maduro, fortalecido y dispuesto a convertirse en el dueño de su equipo.
Aquel chico que el Lille compró en 2023 ya quedó atrás. Este Miramón parece otro. Y, para el Lobo, mucho mejor.


