En lo que podría definirse como uno de los repliegues estratégicos más costosos de la historia tecnológica, la compañía Meta decidió finalmente “tirar la cadena” de su ambicioso proyecto de realidad virtual, Horizon Worlds, en sus cascos Quest.
Mark Zuckerberg, el visionario que incluso rebautizó a su compañía para perseguir esta utopía de avatares sin piernas, admitió tácitamente el fracaso de una inversión que superó los 80.000 millones de dólares, sumergiendo a su división Reality Labs en pérdidas operativas catastróficas.
Mientras el magnate redirige ahora su obsesión hacia la inteligencia artificial, en las oficinas gubernamentales de la Ciudad de Buenos Aires el clima debería ser, cuanto menos, de desconcierto digital.

Inversión al tacho
La administración porteña, siempre afecta a presentarse como la vanguardia de la modernidad regional, no quiso quedarse fuera de este espejismo esperpéntico, y en tiempos Larretistas desembolsó más de 12 millones de pesos (de 2023) para “meter” al Teatro Colón en el metaverso de algo llamado rimbombantemente “Decentraland”.

Lo que fue presentado pomposamente como una “experiencia inmersiva” para federalizar la cultura, terminó siendo un festín de memes y burlas en redes sociales, donde los usuarios no tardaron en comparar los precarios gráficos con “el laberinto de Windows 98” o un juego de “Sega Genesis”.
A pesar de aquellos 12 millones de pesos invertidos (una cifra que diversos sectores cuestionaron duramente frente a las necesidades reales de infraestructura y vivienda de la Ciudad), la calidad estética del proyecto fue tildada de “fealdad rotunda” y “estafa”.
Estética de Windows 98
El Gobierno de la Ciudad llegó incluso a registrar los elementos tridimensionales del teatro para proteger su marca en esta virtualidad que hoy se desvanece, argumentando la necesidad de estar a la vanguardia de la “economía del creador”.
Sin embargo, mientras el GCBA celebraba licitaciones para un mundo virtual que “no tiene futuro”, la realidad del mercado tecnológico fue mucho más implacable.
Analistas internacionales señalan hoy que Meta intentó resolver “un problema del consumidor que no existe”, construyendo una plataforma para un hardware que la mayoría no posee ni desea usar.
Del avatar al olvido
Hoy, con Horizon Worlds retirándose de las tiendas VR para refugiarse en una modesta versión móvil, las arcas porteñas parecen haber comprado un boleto para un espectáculo que bajó el telón antes de empezar.
Mientras Zuckerberg quema sus últimos cartuchos en gafas inteligentes y el Gobierno de la Ciudad ensaya nuevos “aliados tecnológicos” para el Colón (como el acuerdo con Samsung para instalar pantallas físicas, quizás volviendo a la realidad tangible), el metaverso queda como un monumento digital a la impericia y al gasto superfluo.
Al final, el futuro inmersivo resultó ser apenas un píxel borroso en medio de una cuenta bancaria pública bastante más real y vacía.

