Las famosas galletitas danesas, esas que hace 30 años o más llegaron a los hogares argentinos no solo para deleitar paladares sino también para revolucionar el mundo de la costura, ¡están de vuelta!. Se trata del retorno de un clásico.
En un ‘deja vu’ menemista, tan seductor y pesado como la manteca con la que se hacen, las galletitas danesas regresaron a algunos supermercados argentinos. Y, claro está, vienen como símbolo de época, con un guiño cómplice a su pasado multifuncional.
LA IMPORTACIÓN COMO BANDERA
En los años 90, la apertura de las importaciones trajo entre otros miles de artículos estas ‘delicias nórdicas’, y aunque su precio siempre fue más elevado que el promedio, la calidad parecía justificar cada centavo de peso convertible.
Ahora, bajo el gobierno de Javier Milei, que busca reactivar políticas similares de importación, las galletitas danesas no solo prometen endulzar las meriendas y la memoria emotiva de algunos, sino también coser un lazo entre generaciones.
Porque, siendo honestos, ¿quién no abrió alguna vez una lata de estas galletitas con la ilusión de encontrar algo más que insumos de costuras, allá lejos y hace tiempo?
DE LA MERIENDA AL COSTURERO: UN VIAJE EN LATA
Porque la viralización de las galletitas danesas nuevamente en góndolas locales no se debe solo a su sabor, su exótico envase ni su adornada presentación en pirotines de papel repujado, sino a su segunda vida como contenedor de todo lo necesario para zurcir y bordar.
Es un fenómeno cultural tan arraigado que, al mencionar “lata de galletitas”, muchos piensan primero en botones y retazos antes que en el dulce sabor de la manteca y el azúcar.
GALLETITAS DANESAS: EL SABOR DE LA NOSTALGIA
Con la vuelta de estas galletitas, muchos ven además de la chance de recupera un sabor olvidado, la posibilidad del reencuentro con una pieza de la historia familiar. Esas latas, que alguna vez guardaron las galletitas más codiciadas, se transformaron en el símbolo de la creatividad y el ingenio argentino. Y ahora, con su regreso, invitan a preguntarnos: ¿serán para comer o para coser que el público de buen poder adquisitivo las compraría?
Así que, mientras algunos disfrutan de este dulce (y preocupante) retorno a épocas pasadas, quizás lo mejor que queda es la remembranza con humor acerca de que cada lata de galletitas danesas no es solo una promesa de un snack delicioso, sino también la posibilidad de un nuevo costurero.
¡Bienvenidas de nuevo, galletitas danesas, símbolo de una década con final apocalíptico pero precursora de una nueva demostración del ingenio argentino arraigado en la cultura…esa de remendar el pasado hasta olvidarlo.