María Julia Eliosoff, economista y directora de la Fundación Friedrich Ebert, en el programa “Palabras más, palabras menos” de LA CIELO FM 103.5 desglosa con crudeza una realidad que suele quedar oculta tras tecnicismos, “el mayor peso de la carga impositiva medida en el porcentaje de los ingresos recae sobre los sectores más pobres de la sociedad”, afirma la economista.
La conversación gira en torno a un informe del Observatorio Tributario Internacional que pone la lupa sobre los “ultra-ricos”, ese 0,01% de la población que parece jugar con reglas distintas. Eliosoff es clara al definir la función de los impuestos, “entendemos que la política fiscal es una herramienta para generar redistribución y para disminuir la desigualdad”. Sin embargo, el sistema actual en Argentina parece caminar en sentido contrario.
La trampa del consumo y el IVA
El corazón del problema radica en cómo se recauda. En un país donde la inflación no da tregua, el Impuesto al Valor Agregado (IVA) se convierte en una guadaña para el bolsillo popular. “En Argentina, de cada 10 pesos que se recaudaban, entre cuatro y cinco provenían del IVA específicamente”. Esta dinámica genera una brecha moral y económica difícil de ignorar.
Eliosoff lo ilustra con un ejemplo cotidiano, “una persona de bajos ingresos todo su dinero lo gasta en alimentos, por lo tanto, de mínima, el 21 por ciento de eso va a parar a impuestos”. En contraste, una familia de sectores altos no agota sus ingresos en el consumo básico; el excedente se refugia en activos financieros o ahorros que, muchas veces, “no pagan impuestos o pagan mucho menos”.
El privilegio del 0,01%
Mientras el trabajador promedio tributa sobre su salario o sus compras diarias, los sectores de ingresos extraordinarios han encontrado formas de “licuar” su responsabilidad fiscal. Según explica la economista, estos sectores “pagan pocos impuestos porque la base imponible vinculada a los ingresos no existe”. No es que no tengan dinero, sino que su riqueza no circula como salario. “No es que estos sectores se distribuyen ganancias de sus empresas a modo personal, sino que gastan a cuenta de sus empresas”, utilizando, por ejemplo, tarjetas corporativas para consumos personales.
Ante este escenario, la propuesta que resuena a nivel global, impulsada por economistas como Gabriel Zucman, es la de un impuesto mínimo al patrimonio, “hay que tratar de contabilizar el patrimonio total en términos personales, cobrarles por ejemplo un 2 por ciento, calcular el 2 por ciento sobre ese patrimonio y que paguen eso”. En América Latina, la urgencia es estadística, los más ricos pagan, en promedio, “la mitad de lo que paga el 50 por ciento de ingresos más bajos”.
Un sistema cada vez más regresivo
La crónica de la tributación argentina sumó nuevos capítulos en 2024. Eliosoff advierte que las transformaciones recientes, como la eliminación de beneficios para jubilados y la reimposición del impuesto a las ganancias sobre salarios, han profundizado la injusticia, “desde que asumió este nuevo gobierno, todas las modificaciones que se hicieron en el sistema tributario lo hicieron aún más regresivo”.
Menciona con preocupación el fin del programa “Compre sin IVA”, que devolvía el impuesto a los sectores más vulnerables, y los cambios en Bienes Personales que permitieron a los sectores acomodados adelantar pagos bajando la alícuota. A esto se suman exenciones históricas como las de Mercado Libre o el nuevo RIGI, que otorgan beneficios fiscales sin una evaluación clara de su impacto: “Mercado Libre pareciera que ya no los necesita y, sin embargo, no hay una evaluación de impacto que muestre si eso tiene que sostenerse o no”.
La entrevista cierra con una reflexión, mientras se repite el mantra de “la plata de mis impuestos”, la realidad muestra que el sistema está diseñado para que el esfuerzo sea inversamente proporcional a la riqueza. La política fiscal, lejos de ser un frío mecanismo recaudatorio, es hoy el escenario donde se decide si la brecha social se cierra o se convierte en un abismo

