El eterno debate sobre el uso del término “americano” para referirse a los ciudadanos de Estados Unidos tiene muchas aristas, y provoca permanentes cruces y divisiones por un tema de identidad en toda América.
Al tiempo que los estadounidenses defienden su derecho a autodenominarse “americanos” por ser ciudadanos de los Estados Unidos de América, y argumentan que su utilización se debe a haber sido el primer país independiente del continente, en el resto de la geografía del mal llamado “nuevo mundo” desde Canadá hasta Argentina, esta apropiación del gentilicio genera fricciones y rispideces.
VERDADERA IDENTIDAD: “AMÉRICA PARA LOS AMERIQUENSES”
El conflicto se apoya en que todos los nacidos en cualquier país del continente americano son, en un sentido geográfico, “americanos”, por lo que resulta injusto que un solo país monopolice el término.
Sin embargo, en nuestro rincón del mundo, este debate ya fue resuelto de manera más respetuosa.
En la ciudad de América, ubicada en el partido de Rivadavia, provincia de Buenos Aires, los habitantes utilizan una solución ingeniosa: en lugar de llamarse “americanos”, que podría pensarse como lo más lógico y natural, se autodenominan “ameriquenses”.
Este gentilicio, a primera vista peculiar, da la impresión de ser una muestra de respeto hacia el concepto de América como un continente amplio y diverso, reconociendo que el término “americano” pertenece a todos sus habitantes y no solo a una nación, o, en este caso, a una ciudad.
También es cierto que la desinencia “ense” es la más habitual en el territorio bonaer’ense’.
LA CABECERA DE RIVADAVIA
Esta localidad fundada el 16 de mayo de 1904 por Carlos A. Diehl, lleva su nombre con orgullo a lo largo de más de un siglo.
Aunque en su origen se intentó nombrarla Rivadavia, en honor al primer presidente Bernardino Rivadavia, el uso popular prevaleció, y los habitantes continuaron refiriéndose a ella como América, denominada así por una estación de ferrocarril en torno a la que se creó la ciudad.
Finalmente, en 1989, se oficializó el nombre, resolviendo una disputa de identidad que había durado casi ochenta años.
La paradoja que surge es evidente. Los ciudadanos de Estados Unidos defienden su derecho a autodenominarse “americanos” con argumentos históricos, pero los habitantes de América en la provincia de Buenos Aires usan para si un gentilicio que abarca su localidad sin apropiarse de una identidad continental.
Esta pequeña ciudad, situada a más de 500 kilómetros de la Capital bonaerense, tiene un nombre que evoca una vasta geografía, pero también un gentilicio que respeta el derecho de todos los habitantes del continente a considerarse parte de América.
LA DIFERENCIA CON ESTADOS UNIDOS
El contraste entre los “americanos” de Estados Unidos y los “ameriquenses” de América, sirve para valorar el buen uso del lenguaje y para subrayar que los gentilicios son más que simples palabras. Son reflejos de identidad, historia y respeto. Cuando en Estados Unidos el término “americano” es “monopolizado” por su ciudadanía, los ameriquenses optan por una denominación que no genera conflictos, sino que ofrece una solución inclusiva y respetuosa.
Quizás, en esta pequeña ciudad de la provincia de Buenos Aires, se logra encontrar una lección sobre cómo abordar las disputas lingüísticas y culturales.
En lugar de imponer una identidad sobre otra, los habitantes de América, Rivadavia, transitan un camino que reconoce la complejidad de su nombre y su significado, honrando tanto a su localidad como al continente que habitan.
La fundación de América, entonces, además de ser un hito en la expansión de los ferrocarriles y el desarrollo de la pampa húmeda, también es un ejemplo de cómo un gentilicio puede ser un símbolo de respeto y entendimiento.
El debate sobre quién es realmente “americano” seguirá “ad eternum” en las redes sociales, pero en esta ciudad bonaerense, el término “ameriquense” ya dio una solución clara e inclusiva.



