El reporte de un brote de hantavirus en un crucero, con un saldo de tres víctimas fatales y múltiples casos confirmados, ha encendido las alarmas de la Organización Mundial de la Salud y de la comunidad médica internacional. Lo que inicialmente parecía un riesgo limitado a zonas rurales ha escalado a un escenario de confinamiento en alta mar, poniendo el foco sobre la variante Andes, una de las pocas cepas con capacidad de transmitirse entre personas.
Un Enemigo Letal y Difuso
En una entrevista reciente, el médico infectólogo Ricardo Teijiro en dialogo con “Palabras más, palabras menos” de LA CIELO FM 103.5 aclaró la naturaleza de esta amenaza. Si bien existen entre “38 y 40 cepas” identificadas, la cepa Andes es particular porque “es una de las cepas que puede contraerse o puede transmitirse al ser humano”. A diferencia de la transmisión habitual, que ocurre desde las “escretas, orinas, saliva, materia fecal de el ratón a el humano”, en este brote el riesgo reside en el contacto interpersonal.
Sin embargo, Teijiro fue enfático al diferenciar esta dinámica de la del COVID-19 “no tiene una transmisión por vía respiratoria no pueden producirse brote de esas magnitud” entre humanos. La clave aquí es el contacto estrecho y directo con fluidos. “Cuando me refiero al contacto esto me refiero al contacto con las secreciones: una pareja, el contacto con la saliva, el contacto con las secreciones en un contacto sexual”, explicó el especialista, añadiendo que en un crucero el riesgo aumenta al “compartir distintos elementos que pueden estar contaminado tanto puede ser como un elemento un vaso una taza café”.
Un Enemigo Letal y Difuso
El peligro del hantavirus no solo radica en su transmisión, sino en su agresividad clínica. Según Teijiro, esta enfermedad tiene una “mortalidad que ronda entre 30 y 40 por ciento”, una cifra extremadamente alta para cualquier patología infecciosa. El virus suele ingresar al organismo por vía respiratoria —al aspirar polvo contaminado con secreciones de roedores— y puede derivar rápidamente en un “síndrome pulmonar por hantavirus”, afectando órganos vitales como el riñón o el corazón a través de un “síndrome hemorrágico grave”.
El diagnóstico temprano es el mayor obstáculo, ya que los primeros síntomas son “síntomas generales como cualquier infección: fiebre, malestar general, dolor de cabeza”. Ante esto, el infectólogo advirtió sobre la peligrosa costumbre de automedicarse: “El error es que nosotros habitualmente la gente lo que acude es a tomar algo para calmar, un paracetamol y ya así no se curan las enfermedades, las enfermedades se curan sabiendo que tenemos, no ocultando los síntomas”.
Medicina del Viajero y la Amenaza del Sarampión
El brote en el crucero pone de manifiesto la importancia de la “medicina del viajero”, una disciplina que recomienda a las personas informarse sobre los riesgos epidemiológicos de su destino. Teijiro aprovechó para lanzar una advertencia sobre otra amenaza inminente: el sarampión. Ante el flujo migratorio hacia América del Norte por eventos masivos, el médico señaló que “nuestro país no tiene las mejores coberturas de vacunación” actualmente.
“Nos vacunamos para que no haya porque en otros países hay y lo vamos a reingresar a nuestro país”, subrayó, señalando que la caída en las tasas de inmunización responde a factores multifactoriales, desde movimientos naturistas hasta la falta de educación sanitaria en las consultas de rutina. Para el experto, la lección del hantavirus en el crucero es clara: “perdimos lo que es la educación sanitaria”, y recuperarla es la única forma de evitar que enfermedades controladas o brotes localizados se conviertan en crisis sanitarias mayores.

