La música argentina atraviesa horas de conmoción tras conocerse la muerte de Daniel Buira, histórico integrante de Los Piojos, quien falleció durante la madrugada de este sábado en la escuela de percusión que él mismo había fundado, La Chilinga.
El hecho ocurrió en la sede ubicada en Ciudad Jardín, en el partido bonaerense de Tres de Febrero. Según fuentes policiales, el músico se encontraba en un patio interno cuando, cerca de las 4 de la mañana, comenzó a pedir ayuda al manifestar que tenía dificultades para respirar. Un vecino acudió a asistirlo, pero el baterista se descompensó, perdió el conocimiento y murió en el lugar.
Tras el episodio, personal médico constató el fallecimiento y la Justicia inició una causa por averiguación de causales de muerte, a cargo de la UFI N° 8 de Morón. En ese marco, se dispuso la realización de pericias y la autopsia correspondiente para determinar con precisión qué ocurrió. Si bien Buira padecía asma, los investigadores avanzaron con medidas para descartar cualquier otra hipótesis, aunque con el correr de las horas se descartó la intervención de terceros.
Buira fue una pieza fundamental en los orígenes de Los Piojos, banda que comenzó a gestarse en Ciudad Jardín a fines de los años 80 y que alcanzó masividad en la década siguiente. Su impronta fue clave para el desarrollo del sonido inicial del grupo, al incorporar ritmos rioplatenses como la murga y el candombe, que se fusionaron con el rock y marcaron una identidad distintiva.
El legado más allá de Los Piojos
Durante su paso por la banda, participó en discos fundamentales como “Chac tu Chac”, “Ay Ay Ay”, “Tercer Arco”, “Azul” y el en vivo “Ritual”. Además, compuso junto a Andrés Ciro Martínez canciones como “Te diría” y colaboró en otras piezas del repertorio. Su salida se concretó a comienzos de los 2000 tras diferencias internas, lo que marcó el fin de una etapa clave en la historia del grupo.
Años más tarde, y tras un prolongado alejamiento, Buira volvió a compartir escenario con la banda en el regreso de Los Piojos a fines de 2024, luego de 15 años sin actividad. Participó de una serie de conciertos en distintos puntos del país, incluyendo presentaciones multitudinarias y festivales, en un reencuentro muy celebrado por el público.
En paralelo a su carrera como músico, desarrolló una intensa labor pedagógica. En 1995 fundó La Chilinga, una escuela de percusión que creció hasta convertirse en un espacio de referencia con sedes en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano, y con cientos de alumnos. Desde allí impulsó la enseñanza de ritmos populares y la participación en actividades culturales y sociales.
El proyecto también tuvo una faceta artística, con la grabación de varios discos y colaboraciones con figuras como Mercedes Sosa, Fito Páez y Calle 13. Además, Buira trabajó junto a artistas como Fabiana Cantilo, Arbolito y Vicentico, consolidando una trayectoria amplia tanto en el escenario como en la formación de nuevos músicos.
La noticia generó múltiples mensajes de despedida en el ámbito artístico. Entre ellos, se destacó el de la bajista Luciana Valdés, quien lo recordó con afecto y destacó su estilo y calidez humana. La muerte de Buira deja un vacío significativo en la historia del rock nacional y en la comunidad musical que formó a lo largo de décadas.

