La presencia de David Kavlin en la pantalla de la señal vinculada a Página 12 durante la marcha universitaria de este martes, provocó un profundo desconcierto entre la audiencia y sus propios colegas.
Su postura, sistemáticamente opuesta a la línea editorial del medio, se percibe como un verdadero “pelotazo en contra”. El eje del conflicto parece no ser únicamente la diferencia de opinión, sino la incomodidad de un comunicador que a veces explota al tener que callar sus ideas, terminando por arremeter contra el consenso de su propio espacio de trabajo, algo que en otros medios definidos ideológicamente a la inversa (TN, LN+), es imposible o difícil que suceda.
Gasto vs. inversión
La controversia estalló cuando Kavlin decidió reinstalar una discusión semántica sobre la universidad pública, algo que gran parte de la sociedad argentina considera saldado desde hace décadas.
El conductor afirmó tajante: “insisto no es gratuita”. Según su visión, la educación “gratis no es porque lo pagamos con los impuestos” y advirtió que “le cuesta muy caro al estado sostener, por ejemplo, estudiantes de 20 años crónicos”. Incluso sugirió que “se atenta contra la propia gratuidad o popular de la educación cuando hay alguien que prefiere militar”.
Las declaraciones generaron ruido no solamente entre televidentes sino también dentro del propio universo ideológico históricamente asociado al Grupo Octubre.
La idea de definir a la educación pública como un “gasto” chocó de frente con la réplica que recibió en el mismo intercambio televisivo, donde se le recordó que la educación “no es un gasto, es una inversión”.
En ese sentido, una de sus colegas mencionó que de las universidades públicas surgen “los médicos que descubren vacunas”, sintetizando el argumento histórico en defensa del sistema educativo estatal.
Una marcha y un reclamo legal
El momento elegido para instalar el debate también amplificó la polémica. Las palabras de Kavlin se dieron mientras el canal cubría la masiva marcha universitaria de este 12 de mayo, movilización que tuvo como eje central el reclamo por el financiamiento educativo y el cumplimiento de una ley aprobada por el Congreso que el Gobierno nacional todavía no ejecuta.
Mientras miles de estudiantes, docentes y trabajadores universitarios reclamaban por partidas presupuestarias y denunciaban un incumplimiento legal, el conductor intentó reducir la discusión a un cuestionamiento sobre el costo estatal de la educación superior.
Para muchos espectadores, esa lectura minimizó el reclamo social y terminó ubicándolo en una posición totalmente opuesta a la tradición histórica del medio donde trabaja.
El “pelotazo en contra” que incomoda
Dentro de las redes sociales, numerosos usuarios comenzaron a describir la situación como un auténtico “pelotazo en contra”. Además de por el contenido de sus dichos, también porque provinieron de una figura que forma parte de una estructura mediática identificada históricamente con la defensa de la educación pública, los derechos sociales y las políticas estatales de inclusión.
La contradicción quedó aún más expuesta cuando Kavlin relativizó algo que para amplios sectores constituye “la mejor inversión que puede hacer un país” y un aspecto prácticamente “indiscutible” para el desarrollo nacional.
En vez de alinearse con el reclamo universitario, eligió enfatizar el costo económico del sistema, alimentando una polémica que rápidamente se viralizó.
Así, más allá del debate puntual sobre financiamiento, la discusión terminó mostrando otra tensión de fondo: la convivencia cada vez más incómoda entre comunicadores con miradas antagónicas dentro de espacios mediáticos que históricamente construyeron una identidad política muy definida. Algo que jamás sucede “en la vereda de enfrente”.

