La ofensiva militar de Estados Unidos sobre Venezuela, que incluyó bombardeos en distintos puntos estratégicos del país y la captura del presidente Nicolás Maduro, reconfiguró de manera abrupta el escenario político regional. Mientras Washington defendió la operación bajo el argumento del combate al narcotráfico y al terrorismo, en América Latina crecieron las voces que alertaron sobre una peligrosa escalada bélica y la vulneración del derecho internacional.
En Argentina, la reacción del arco peronista fue inmediata y marcadamente opuesta a la del presidente Javier Milei. Dirigentes, espacios políticos y referentes del justicialismo expresaron un fuerte rechazo a la intervención militar estadounidense, cuestionaron el aval explícito del Gobierno nacional y advirtieron sobre las consecuencias que un antecedente de este tipo puede tener para la soberanía regional.
A través de un comunicado oficial, el Partido Justicialista condenó los bombardeos realizados por Estados Unidos en territorio venezolano y sostuvo que constituyen “una amenaza para toda la región” y una violación directa de la Carta de las Naciones Unidas. En el mismo texto, el PJ reafirmó los principios históricos de la política exterior argentina: la no intervención, el rechazo al uso de la fuerza y la solución pacífica de los conflictos, al remarcar que “América Latina es territorio de paz y soberanía”.
Una de las expresiones más duras llegó por parte de la diputada nacional Victoria Tolosa Paz, quien apuntó directamente contra Javier Milei. En una publicación en redes sociales, calificó al Presidente como “el gran cipayo latinoamericano” y lo acusó de celebrar “el inexplicable bombardeo de Estados Unidos a Venezuela”. Para la legisladora, el mandatario argentino “terminó de recibirse de gran cipayo” al avalar públicamente una acción militar extranjera en la región.
Tolosa Paz sostuvo además que “las y los argentinos no podemos aceptar que el Presidente, en nombre de nuestro país, avale bombardeos y el secuestro de un presidente, en cualquier lugar del mundo”, y cuestionó la contradicción entre ese respaldo y el discurso libertario que Milei reivindica. “Eso no se parece en nada a la libertad que tanto declama”, señaló, antes de cerrar con una consigna contundente: “Trump y Milei se fueron al carajo”.
En ese sentido, la diputada afirmó que el peronismo se suma a los pedidos de paz y no injerencia extranjera que, según expresó, sostienen los países que entienden que “la verdadera libertad nunca es la violencia”. Una línea argumental que comenzó a replicarse en otros sectores del espacio, que ven en el alineamiento automático con Washington un quiebre con la tradición diplomática argentina.
El repudio del Frente Renovador
El Frente Renovador también expresó un rechazo categórico a la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela. A través de un comunicado titulado “La democracia no se impone por la fuerza”, el espacio que lidera Sergio Massa sostuvo que la legitimidad o ilegitimidad de un gobierno “no puede resolverse mediante acciones armadas de un país extranjero”, sino a través de mecanismos democráticos, pacíficos y soberanos definidos por el propio pueblo venezolano. En ese sentido, recordó que, aun habiendo cuestionado la falta de transparencia electoral y la opacidad del proceso político en Venezuela, “ninguna irregularidad institucional puede ser utilizada como justificación para una invasión”, que solo profundiza el sufrimiento de la población civil y vulnera el principio de autodeterminación de los pueblos.
Además, el espacio advirtió que la decisión adoptada por la administración de Donald Trump, invocando acusaciones de “narcoterrorismo” y sin autorización del Congreso estadounidense, constituye una medida “antidemocrática y unilateral”, contraria a los controles institucionales y a la división de poderes. “La democracia no se impone por la fuerza”, remarcó el comunicado, que reclamó una salida basada en el diálogo, la paz y el respeto al derecho internacional, y reafirmó que el futuro de Venezuela debe ser decidido sin injerencias externas.
En la misma línea, el diputado nacional y referente del Frente Renovador, Sebastián Galmarini, respaldó públicamente el documento y remarcó que “nunca una intervención militar puede traer paz, prosperidad ni mucho menos democracia sustentable”. Galmarini sostuvo que toda invasión u operación armada debe ser rechazada, independientemente de quién la ejecute, y cuestionó con dureza la postura del Gobierno argentino: afirmó que las posiciones del presidente Javier Milei responden a un “posicionamiento electoralista” que alimenta la polarización y “lesiona los intereses, el prestigio y la historia” del país.
Rechazo regional y advertencias internacionales
Las críticas a la intervención estadounidense no se limitaron al escenario local. Desde Colombia, el presidente Gustavo Petro expresó su “profunda preocupación” por las explosiones y la actividad aérea registrada en Venezuela, y rechazó “cualquier acción militar unilateral” que pueda agravar la situación o poner en riesgo a la población civil. Bogotá llamó a una desescalada inmediata, reforzó medidas preventivas en la frontera colombo-venezolana y reiteró su compromiso con el diálogo y la vía diplomática.
En la misma línea, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, sostuvo que los bombardeos y la captura de Maduro “han traspasado una línea inaceptable” y advirtió que se trata de una grave afrenta a la soberanía venezolana. Lula alertó sobre el precedente que sienta este tipo de acciones, al señalar que la violación del derecho internacional abre la puerta a “un mundo de violencia, caos e inestabilidad”, y reclamó una respuesta firme de la comunidad internacional a través de las Naciones Unidas.
Así, mientras el Gobierno argentino optó por respaldar sin matices la ofensiva estadounidense, el peronismo y varios gobiernos de la región coincidieron en una lectura opuesta: la intervención militar en Venezuela no solo vulnera principios básicos del derecho internacional, sino que reaviva viejas heridas de injerencia externa en América Latina y pone en riesgo la estabilidad regional.

