La postal de este lunes en Pilar expuso con crudeza el drama laboral que atraviesa el país y del que la provincia de Buenos Aires no está exento. Un grupo de empleados de Ilva, la histórica fábrica de porcellanato radicada en el Parque Industrial de Pilar, se encadenó en plena calle Rivadavia frente al Municipio.
La medida, tan extrema como simbólica, fue acompañada de un corte total del tránsito en la esquina de esa arteria con la calle Bolívar con carteles que recordaban los 300 despidos confirmados a principios de septiembre, origen de un conflicto que se profundiza día a día.
“Hace más de una semana que no nos pagan la quincena y se empiezan a complicar cosas básicas: la escuela de los chicos, los clubes, el alquiler”, expresó con tono de angustia Juan Ignacio Capelli, uno de los manifestantes al medio “Pilar a Diario”.
Según relató, algunos compañeros ya recibieron notificaciones de desalojo. La tensión escaló aún más cuando denunció que un trabajador fue amenazado por desconocidos en moto, en lo que interpretan como un intento de amedrentar la protesta.
La protesta se extiende
La crisis de Ilva no se limita al distrito de Pilar. Mientras en el centro de la ciudad un grupo de despedidos mantenía la protesta encadenados, otro contingente de trabajadores se movilizó hacia Luján para acompañar a los más de 130 despedidos de Cerámica Cortines. Allí, frente a la sede local del Ministerio de Trabajo provincial, se realizó una manifestación en el marco de una audiencia de conciliación.
La solidaridad entre distintos conflictos laborales se convirtió en una constante en el Conurbano bonaerense, donde las suspensiones, cesantías y cierres de plantas industriales marcan el pulso de una economía en recesión.
En el caso de Ilva, la semana pasada el Ministerio de Trabajo extendió por cinco días la conciliación obligatoria. Sin embargo, los trabajadores ya anticiparon que si no aparece una salida concreta, las medidas se van a intensificar.
En paralelo, continúa el acampe frente a la planta de Ilva en el Parque Industrial de Pilar, donde las carpas y las banderas se transformaron en un recordatorio diario de la incertidumbre de cientos de familias.
Una crisis que golpea a la provincia
El reclamo de los obreros de Ilva es, en definitiva, parte de una problemática mucho más amplia. La provincia de Buenos Aires concentra cerca del 40% del PBI nacional y es el corazón productivo del país. Sin embargo, en los últimos meses se multiplicaron las escenas de conflictos laborales: despidos, suspensiones, pagos atrasados y plantas paralizadas.
“La situación es compleja, porque no hay nadie que dé la cara. La empresa desapareció, y nosotros nos quedamos sin respuestas”, resumió Eduardo Cuevas, otro de los trabajadores que participó del encadenamiento en Pilar.
Ese sentimiento de desamparo atraviesa a miles de familias bonaerenses que dependen de la industria para subsistir. Las protestas de Ilva se suman a las de otras fábricas que redujeron turnos o directamente cerraron, configurando un mapa de inestabilidad laboral creciente.
En Pilar, el encadenamiento busca llamar la atención de la empresa, y también del Estado, tanto provincial como nacional. “Tenemos una unión muy fuerte, peleamos en todos los frentes, pero todavía no hay una respuesta”, insistió Capelli.
Mientras la conciliación corre contra reloj y los sueldos siguen sin aparecer, los trabajadores aseguran que no se moverán del lugar hasta obtener lo que reclaman: el pago de lo adeudado y una salida digna a una crisis que ya dejó a cientos en la calle.

