Recién comenzaba julio y en la ciudad de La Plata hacía frío. Silvina Batakis estaba de visita en lo de su madre, como tantos otros domingos, completamente desconectada de su agenda como secretaria de Provincias. Sin Wi-Fi por un robo de cables telefónicos en el barrio. Sin señal por la zona en la que vive su familia. Alrededor de las ocho de la noche, en una breve conexión de datos, sonó su teléfono. Era Miguel Ángel Pesce con un pedido que otrora hubiese sido un gran honor, pero ahora sonaba a plegaria: que asuma al día siguiente como ministra de Economía de la Nación.
Así lo contó la propia ex Ministra, que hoy encabeza la cartera de Hábitat y Desarrollo Urbano de la provincia de Buenos Aires, en Alguien Me Dijo. No era un pedido simple. Martín Guzmán había renunciado de forma intempestiva y el Gobierno Nacional estaba en una crisis. Los rumores de feriados cambiarios, e incluso de convocar a una asamblea legislativa para adelantar las elecciones, ya corrían por los pasillos de la Casa Rosada y el Congreso. Primero se barajaron otras opciones, que fueron descartadas. Allí fue cuando surgió el apellido de Batakis. “En es momento yo sentía que el país me necesitaba, y me pareció que tenía que aceptar”, relató la funcionaria nacional. Menos de veinticuatro horas después se encontraba frente a Alberto Fernández prestando juramento en un cargo con el que soñó, pero al que no pudo acceder, en 2015.
“Con el correr de los días me fui enterando de que habían llamado a algunos hombres. No creo que sea como diciendo ‘bueno, de última tal persona’. Pero sí creo que a los hombres todavía no les hace un click de que en el radar hay mujeres capaces que pueden asumir esas responsabilidades“, reflexionó Batakis. “Yo lo miro desde el otro lado. Si fue realmente así digo ‘ningún hombre se animó. Ninguno, ninguno, ninguno'”.
Silvina Batakis: “A mí me gusta planificar todo en la vida”
La tarea que le quedó por delante a la Ministra no era para nada sencilla. La crisis interna del Frente de Todos amenazaba con arrastrar la economía del país hacia abajo. La gestión de Alberto Fernández pendía de un hilo. Enfrentado con la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, parecía difícil encontrar consensos para designar a una persona al frente de un área tan sensible y crítica. Que los primeros llamados sean con negativas o condicionantes imposibles hizo aún más compleja la decisión. A doce horas de que abran los bancos el cargo seguía vacante. Fue allí que Batakis se calzó el traje de bombera.
“Yo dije ‘bueno, realmente hay que pasar esta situación tan trágica que estamos viviendo’; porque era una situación muy difícil”, rememoró la ministra en Alguien Me Dijo. “A mí me avisan un domingo a las ocho de la noche y asumía al día siguiente. Y a mí me gusta planificar todo en la vida. Tengo como una obsesión desde lo personal con la planificación y sobre todo lo institucional”.
Y marcó la diferencia que fue la campaña de 2015, en la que ella era ministra de Economía bonaerense, y Daniel Scioli era gobernador y candidato presidencial. “Cuando estábamos transitando el último año de la gestión de Daniel Scioli, él me había dicho que yo iba a ser su ministra, entonces estuve todo un año preparándome para eso, hablando con distintos expertos en materia internacional, expertos en materia energética, expertos en materia industrial”, dijo.
Renunciada por teléfono y en el exterior
Eran los últimos días de julio. La situación económica había dejado de ser acuciante, pero quedaba aún un largo camino para la estabilización. Batakis, hábil, había apuntado en sus discursos al déficit fiscal como el gran problema a resolver y anunciado un plan de reducción. Eso había calmado a los mercados, que presionaban por una fuerte devaluación, y le generó un lapso de estabilidad. En ese contexto, tenía una misión más: encontrarse cara a cara con el Fondo Monetario Internacional.
El miércoles 26 de julio el aeropuerto Washington-Dulles amaneció con una espesa niebla que obligó a cesar sus operaciones, por lo que Batakis tuvo que quedarse un día más en Estados Unidos. El jueves siguiente, mientras el avión que la traía de regreso a la Argentina terminaba de cargar pasajeros, sonó su teléfono. Era Gabriela Cerruti. “Me llama la ex vocera y me dice ‘mirá, me está saliendo la noticia en los medios. Hay que hacer reestructuración, cambios, y yo no lo estoy desmintiendo. Básicamente con eso me entero que no seguía”, relató. Una llamada telefónica le ofreció el cargo, y otra se lo quitó.
Al otro día Alberto Fernández la convocó para reunirse con ella. La charla duró más de dos horas, y terminó con la Ministra formalmente fuera de su cargo. Mientras estaba en viaje, el presidente se había reunido con los gobernadores peronistas y les había adelantado lo que luego se conocería de manera pública: Sergio Massa tomaría las riendas económicas del país en vistas al final del mandato y las elecciones del año siguiente.
“Yo no tengo ningún rencor respecto de eso, la verdad que no. Confío mucho en que las personas que están arriba de nosotros tienen que tener mucha más información que uno, y creo mucho en la política. Si la política creyó que era el momento para hacer ese cambio, cero problema”, afirma Silvina Batakis. Más ordenado que el Guzmán gate, la trancisión en la cartera incluyó una nueva visita en conjunto al FMI. No hubo esta vez corridas bancarias ni rumores de feriados cambiarios. Batakis continuó como presidenta del Banco Nación hasta el final de la gestión del Frente de Todos.
“Aporté desde el Banco Nación todo lo que pude en materia de gestión, y en materia sobre todo de proyecto industrial. Yo creo que Argentina tiene un proyecto industrial para desarrollar, que es desde donde podemos generar divisas, desde donde podemos generar conocimiento, trabajo, y bueno, siempre aportando desde ese lado”, concluyó.



