Hagamos por un momento un ejercicio de imaginación. Supongamos dos posibilidades 1)Que Carolina Píparo fuera diputada Kirchnerista, o al menos su marido perteneciera al peronismo
2)Que la diputada Florencia Saintout, o Luciana Padulo o cualquier otra u otro Kirchnerista o del Frente de Todos hubieran atropellado con sus parejas a dos motociclistas “random”, la noche de año nuevo.
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Minimamemte estaríamos en presencia de, (como dice en un tweet el famoso “rinconet” aka Sebastián Fernández) “una carta abierta de Alfredo Leuco, una indignación de Viviana Canosa, una investigación de Luis Majul, una alucinación de Fernández Díaz en La Nación, una miseria de Mercedes Ninci, un rictus de Cristina Pérez, un análisis de Jony Viale y un eructo de Lanata”.
Por suerte para la salud mental de los argentinos en el comienzo de 2021 nada de eso sucedió y quien enfrenta las sospechas de haber montado un autodelito para encubrir una situación embarazosa, y posiblemente criminal de su marido no es Kirchnerista sino que pertenece al partido político que tuvo, tiene y tendrá el mayor blindaje mediático de la historia nacional.
La versión del robo de Carolina Píparo (nunca filmado por ninguna cámara) y la reacción de legítima defensa arrastrando las motos de los supuestos delincuentes de su esposo (tampoco nunca registradas por cámara de seguridad alguna, de las miles existentes en el casco urbano platense) serían derrumbadas por litros de tinta, minutos de radio y horas de televisión, hurgando hasta en los rincones más inhóspitos de la Capital bonaerense para encontrar testimonios que condenen a legisladores a los que el dedo acusatorio de los medios pedirían que fueran removidos de sus puestos por corruptos inventores de falsas versiones para tratar de zafar de un hecho cuasi criminal.
Por fortuna, reiteramos, nada de eso sucedió. No hay ningún kirchnerista involucrado.
En cambio debemos aceptar con docilidad monástica y equilibrio zen como los registros de las cámaras de seguridad que tardaron más de un día en aparecer muestran “agujeros negros” que se comen vehículos o pases de magia que hacen aparecer otros coches de color blanco repentinamente de la nada. Todo muy normal. Como siempre. “Acá no hay nada que ver, aléjense de la escena, circulen, circulen” diría Leslie Nielsen en “La Pistola Desnuda”.
Que el representante del municipio en temas de seguridad esté a esa hora de la madrugada en Plaza Moreno esperando “casualmente” a la legisladora de Juntos por el Cambio después del incidente, es pura coincidencia, un “Nada que ver” también ASI DE GRANDE.
Qué ni ella ni su marido hayan denunciado la supuesta persecución de la que eran víctimas en el control provincial de vehículos en el que se detuvieron sobre calle 14 segundos antes de hacerlo en donde se hallaban representantes municipales de La Plata, también es mera casualidad.
Que los testigos del arrastre de las motos durante 300 metros, los hayan grabado con sus celulares persiguiendolos para que se detengan por media ciudad, por supuesto no suma nada a la verdad de los hechos, como tampoco que coincidentemente, oportuna y afortunadamente haya aparecido el Iphone robado a Píparo sin daños, porque “los ladrones son así de descuidados”.
Por eso el diario Clarín afirma que esos delincuentes a los que Píparo y su marido arrastraron por varias cuadras platenses “niegan ser ladrones” a pesar de la indubitabilidad de la palabra de la legisladora.
Menos mal que estas cosas a inicios de año le suceden a la gente pura, porque sino no saben lo feo que sería tener que corroborar con los grandes periodistas nacionales lo que todos ya saben: “que el politico kirchnerista es una lacra”.
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