Javier Milei salió a explicar los motivos detrás del repentino protagonismo que adquirió la cuestión Malvinas en su Gobierno y rechazó que las medidas anunciadas en las últimas semanas respondan a una estrategia electoral. Según el Presidente, la política sobre las islas comenzó a trabajarse hace tres años y tuvo como disparador concreto las recientes declaraciones de Donald Trump sobre la posición de Estados Unidos frente a la disputa de soberanía.
Durante una extensa entrevista con el canal de streaming Neura, Milei cuestionó a quienes interpretaron el giro discursivo como una maniobra de posicionamiento político. “Los analistas políticos dicen que impulsamos Malvinas por cuestión de imagen y oportunismo político. Es una estupidez mayúscula”, sostuvo.
El mandatario explicó que la decisión de realizar la cadena nacional del 3 de septiembre fue tomada durante una reunión de Gabinete el lunes anterior y aseguró que la iniciativa no surgió de una necesidad electoral. Según su relato, el Gobierno ya venía trabajando desde hacía tres años en una estrategia vinculada con la soberanía y las actividades hidrocarburíferas en el archipiélago.
El factor que, de acuerdo con Milei, aceleró esa política fueron las declaraciones realizadas por Trump el 31 de agosto, cuando el presidente estadounidense dijo que estaba revisando la posición de Washington sobre la cuestión Malvinas. “La cadena es disparada por el comentario de Donald Trump acerca de que estaba revisando la posición frente a Malvinas. Todos hechos exógenos”, explicó.
La afirmación de Trump marcó un cambio relevante en una disputa en la que Estados Unidos mantuvo históricamente una posición de respaldo al Reino Unido, aunque con una postura de neutralidad respecto de la soberanía. El 31 de agosto, Trump afirmó que revisaba “todas las posiciones” y no confirmó que Washington fuera a modificar formalmente su política.
Milei reconoció, de todos modos, que el Gobierno decidió aprovechar esa nueva ventana geopolítica. “Hubo un disparador externo que permitió que esa oportunidad nosotros la aprovecháramos”, explicó, y vinculó el escenario con el alineamiento estratégico que mantiene con Estados Unidos.
La estrategia sobre las empresas petroleras
El Presidente también explicó cuál es, según su Gobierno, el objetivo económico de las medidas contra las compañías que participan de proyectos hidrocarburíferos en las islas. La idea, afirmó, es ejercer presión para que las empresas tengan que elegir entre continuar con sus actividades en Malvinas o apostar por proyectos energéticos en territorio argentino.
“Usted tiene que elegir entre un proyecto incierto y los proyectos concretos, por ejemplo de Vaca Muerta”, sostuvo Milei, quien destacó las condiciones de inversión generadas a partir del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
El planteo se vincula con el endurecimiento de las sanciones anunciado por el Gobierno contra empresas, directivos y proveedores que participen de actividades de explotación de hidrocarburos en las islas sin autorización argentina. La administración libertaria también avanzó con acciones legales contra compañías vinculadas al proyecto Sea Lion.
Para Milei, la combinación entre incentivos económicos y presión regulatoria puede hacer que las compañías consideren más atractivas las inversiones en Argentina. “Si se le suma la geopolítica, entonces se abrió la ventana y nosotros la aprovechamos”, afirmó.
El giro sobre Malvinas y los antecedentes de Milei
La explicación presidencial, sin embargo, se produce después de que el nuevo discurso sobre Malvinas generara cuestionamientos por el contraste con algunas de sus posiciones anteriores.
Antes de llegar a la Casa Rosada y también durante su mandato, Milei manifestó públicamente su admiración por Margaret Thatcher, la primera ministra británica durante la Guerra de Malvinas. En mayo de 2024, por ejemplo, sostuvo que la exmandataria había sido “brillante” y defendió su derecho a considerar que quienes combatieron contra la Argentina “hacían bien su trabajo”. También señaló entonces que la visita del canciller británico David Cameron a las islas no le parecía una provocación.
A eso se sumó una definición más reciente que resulta especialmente relevante frente al discurso pronunciado ahora por el Presidente. En abril de 2025, durante el acto por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, Milei planteó que buscaba que los habitantes del archipiélago “prefieran ser argentinos” y habló de que algún día pudieran “votarnos con los pies”. Esa formulación fue interpretada como un reconocimiento del principio de autodeterminación de los isleños.
La posición expresada en la cadena nacional del 3 de septiembre fue diferente: Milei afirmó entonces que los isleños “no tienen un derecho legítimo a la autodeterminación” y cuestionó como inválidos los argumentos basados en los referendos realizados en las islas.
También existe una diferencia en el énfasis político. Mientras en sus declaraciones anteriores el Presidente había planteado una recuperación de las islas a través de un proceso diplomático de largo plazo, ahora presentó un paquete de medidas regulatorias, judiciales y económicas destinadas a dificultar la explotación de recursos naturales en el archipiélago.
El factor Trump y los intereses de Estados Unidos
La aparición de Trump como elemento central del nuevo escenario tampoco es un dato menor. El mandatario estadounidense no anunció formalmente un respaldo a la posición argentina: dijo que estaba revisando la postura de Washington sobre Malvinas, sin precisar cuál sería el resultado de esa revisión.
Al mismo tiempo, la política exterior de Trump durante este año estuvo fuertemente atravesada por intereses estratégicos y energéticos. En el caso de Venezuela, por ejemplo, Estados Unidos avanzó sobre el sector petrolero y Trump llegó a afirmar públicamente que Washington estaba obteniendo grandes cantidades de crudo venezolano y que las empresas estadounidenses ingresarían al negocio.
En agosto, además, Trump anunció que Estados Unidos había obtenido control mayoritario sobre reservas probadas de petróleo venezolano mediante acuerdos con empresas privadas, una decisión que su administración vinculó con la recuperación de la industria energética y el abastecimiento estadounidense.
Ese antecedente no permite afirmar por sí solo cuáles son las motivaciones de Washington respecto de Malvinas, pero sí aporta contexto para analizar la importancia que tienen los recursos naturales y la seguridad energética en la política exterior de la administración Trump.
En ese escenario, Milei reivindica que la Argentina está aprovechando una oportunidad geopolítica y niega que exista un cálculo electoral detrás de su giro sobre Malvinas. Sus críticos, en cambio, ponen el foco en el contraste entre sus actuales declaraciones sobre soberanía y sus posiciones anteriores respecto de Thatcher, la autodeterminación de los isleños y el vínculo con el Reino Unido.
La discusión queda así atravesada por dos elementos simultáneos: por un lado, el Gobierno argentino busca endurecer su estrategia frente a la explotación de recursos en las islas; por otro, esa política se desarrolla en un contexto internacional en el que Estados Unidos, bajo Trump, evalúa modificar su posición histórica sobre la disputa y profundiza una política exterior donde los intereses energéticos ocupan un lugar central.


