A veces, el poder se pone ansioso. O, mejor dicho, la impotencia de no tenerlo. La escena se dio este domingo 29 de junio, apenas se supo que las huestes del PJ de Formosa de la mano de Gildo Insfrán, volvía a arrasar en las urnas con cerca del 70% de los votos.
Ninguna denuncia de fraude, ninguna irregularidad grave, más allá de los debates legítimos sobre clientelismo o falta de alternancia que siempre sobrevuelan la política norteña. Pero para Luis Majul, nada de eso alcanza.
En su programa, con la ministra de Seguridad Patricia Bullrich sentada enfrente, Majul no pudo contenerse:
“¿Por qué no intervienen en Formosa? Una provincia como Formosa donde no se cumple ninguna regla del sistema democrático, donde es una especie de feudo aislado de la República Argentina.”
Ahí nomás, Bullrich, lejos de contestarle que el camino democrático no es intervenir provincias porque no te gustan los resultados, se enredó en tecnicismos. Comparó la intervención federal a la designación de jueces de la Corte, explicó que se necesitan dos tercios del Congreso y admitió sin vueltas:
“No tendríamos ninguna posibilidad, es decir, no existe hoy.”
Majul, lejos de aflojar, la corrió todavía más por derecha:
“¿No lo pueden hacer por decreto?”
Bullrich, con un dejo de resignación, tuvo que aclarar que no, que por decreto no se puede. Pero en ningún momento dijo lo más importante: que no corresponde, que no sería legal ni democrático, que sería un escándalo institucional. Nada de eso.
PARECEN DECIR: SI PERDEMOS NO ES DEMOCRACIA
Lo notable de este diálogo es lo que no se dice. Porque lo que asoma, sutil pero clarísimo, es la misma lógica golpista que históricamente usó la política argentina para intervenir provincias cuando el resultado electoral no les gustaba.
La intervención federal, según la Constitución, es una herramienta extrema para situaciones muy específicas: alteraciones graves del orden, violaciones manifiestas a la Constitución o conflictos institucionales que el gobierno local no pueda resolver.
No es, ni de cerca, un recurso para “sacar” a un gobernador que gana elecciones amplias y limpias, por más que a algunos les reviente la falta de alternancia.
Pero Majul no está haciendo periodismo. Ni el esfuerzo mínimo de parecerlo. Está militando una intervención federal por televisión. Presiona, sugiere, exige que el Poder Ejecutivo avasalle a una provincia entera porque, en sus palabras, es un “feudo”.
Y Bullrich, lejos de marcarle la cancha, se limita a responderle con argumentos de gobernabilidad: “no tenemos los votos.” Como si la legalidad y el federalismo fuesen asuntos secundarios que se pueden negociar según las mayorías parlamentarias.
A FALTA DE VOTOS, OPERACIONES MEDIÁTICAS
No hay dudas de que Formosa es una provincia donde el oficialismo gobierna desde hace décadas, y el debate democrático sobre las prácticas políticas locales es necesario y legítimo. Pero pedir una intervención federal porque no sacaron los votos para hacerle sombra a Insfrán no es republicanismo: es golpismo de salón (o de estudio de TV).
Mientras tanto, la democracia se mide en votos. Y en Formosa, guste o no, el resultado fue claro. Aunque haya periodistas que prefieran los atajos, y diarios que no prioricen esa noticia.

