Hace apenas unos días, el 20 de enero, un huracán con peluquín volvió a aterrizar en la Casa Blanca. Donald Trump asumió nuevamente la presidencia de Estados Unidos y, con él, regresaron al mundo las frases incendiarias, las medidas tan disruptivas como aleatorias y, por supuesto, los “aspirantes a ser sus discípulos en América Latina”, esta región que alguna vez intentó emanciparse pero que ahora parece disputarse el título de “favorito de papá Donald”.
El reality ya tiene nombre: “Lamebotas Latam: Edición 2025”. Y aunque todavía no se definió quién se llevará el trofeo de “Empleado del Mes” de la franquicia Trump, los competidores están en plena carrera.
Primeros competidores: el servilismo panameño y la amenaza ecuatoriana
El presidente de Panamá fue el primero en subirse al ring. Apenas Trump hizo un comentario sobre el Canal de Panamá (sin mucho contexto ni datos certeros, como es su costumbre), el mandatario panameño, en lugar de recordarle a Trump que su país es soberano, pareció hacerle una venia y hasta dejó entrever que, si el magnate quería algo del canal, quizás se podía hablar… ¿Alguien dijo perro faldero?

Luego apareció Daniel Noboa, el presidente ecuatoriano, que decidió no quedarse atrás en esta carrera de sumisión extrema. En un gesto que bien podría calificarse como un “esfuerzo creativo” en el arte del servilismo, Noboa amenazó a México con cortar relaciones comerciales y aumentar aranceles, todo en nombre de su líder espiritual Trump. Un sacrificio económico en pos de la devoción ideológica.
Bukele y su cárcel modelo: la generosidad extrema
No podía faltar Nayib Bukele, el influencer convertido en presidente de El Salvador. Con una estrategia de seguidismo más elaborada, el salvadoreño decidió no solo apoyar a Trump, sino ofrecerle algo: su célebre cárcel, esa que es presentada en redes sociales como “el infierno en la Tierra”, pero con buen marketing.
Bukele propuso convertir su prisión en una especie de “centro de detención tercerizado” para los deportados de Trump. ¿Solo salvadoreños? ¿Centroamericanos? ¿Cualquier latino que Trump decida expulsar? No quedó claro, pero lo importante es que el gesto estuvo ahí: una oferta que cualquier monarca del siglo XVIII envidiaría.

Milei: el alumno ejemplar que se adelantó a la tarea
Pero si hay alguien que se lleva, al menos por ahora, la medalla de oro en esta olimpiada de la sumisión, ése es Javier Milei. No solo intenta replicar el modelo trumpista en Argentina a toda velocidad, sino que también se presenta como el profeta y “mentor” del movimiento.
Cuando Trump anunció su guerra contra las regulaciones, Milei no tardó en declarar que él y su ministro Federico Sturzenegger ya lo habían hecho antes.
Y como si eso no fuera suficiente, este martes sumó un logro aún más impresionante: anunció la salida de Argentina de la Organización Mundial de la Salud, siguiendo los pasos de Trump, pero con una diferencia clave…Mientras que Estados Unidos tiene un sistema de salud basado en seguros privados y una infraestructura que, aunque desigual, sigue siendo fuerte, Argentina depende de un sistema público que se nutre de múltiples organismos internacionales, incluida la OMS.
Es decir, Milei está aplicando una receta de un país completamente distinto sin preguntarse si los ingredientes son los mismos.
El gran premio: ¿quién será el “Trump’s Pet” oficial?
Así avanza la competencia. Todavía no está claro quién se llevará la copa de oro en esta carrera por ver quién es más trumpista que Trump. Panamá, Ecuador, El Salvador y Argentina pelean cabeza a cabeza.
Pero si hay algo seguro, es que los votantes latinoamericanos —esos que se suponía que eligieron a estos presidentes para defender sus intereses— estarán mirando desde la tribuna, preguntándose cuándo sus mandatarios dejarán de competir en esta disciplina y volverán a gobernar sus propios países para no volver a ser definidos como “el patio de atrás”.

