El informe publicado hoy por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA) arroja una luz cruda sobre la realidad social del país, contrastando con los discursos oficiales de recuperación económica.
A través de una mirada técnica e independiente, que históricamente ha servido como termómetro de la realidad argentina más allá de los signos políticos de turno, la institución revela que la vulnerabilidad de los más jóvenes sigue siendo el núcleo duro de la crisis nacional.
Los datos son contundentes: “En 2025, el 53,6% de los niños, niñas y adolescentes en la Argentina urbana vivía en hogares pobres y el 10,7% en situación de indigencia”.
La persistencia de la deuda estructural
Aunque la administración de Javier Milei destaca permanentemente una tendencia a la baja en ciertos indicadores macroeconómicos respecto al pico crítico de 2024, la UCA advierte que estos números deben leerse en una perspectiva histórica que trasciende al gobierno actual.
Los investigadores sostienen que, si bien hay una leve mejoría relativa, los niveles actuales “permanecen en niveles altos en perspectiva histórica” y no logran alcanzar siquiera las cifras previas a la década de 2010.
Esta situación refleja que 5,3 de cada 10 niños en Argentina no solo son pobres hoy, sino que se encuentran atrapados en una estructura de exclusión que se sigue consolidando a lo largo de diversos mandatos.
El informe subraya la “persistencia de déficits estructurales que condicionan el desarrollo de las infancias, incluso en un contexto de cierta mejora en algunos indicadores sociales”.

El récord de asistencia en un sistema fragmentado
Uno de los datos más alarmantes que explica la independencia analítica de la ODSA-UCA es el aumento exponencial de la asistencia alimentaria para cubrir necesidades básicas.
El reporte indica que la ayuda estatal alcanza niveles récord del 64,8%, lo que evidencia que la crisis empuja a sectores que históricamente se mantenían fuera de estos programas a buscar auxilio público.
En este sentido, el informe resalta que “el 28,8% de los NNyA (niños niñas y adolescentes) sufren inseguridad alimentaria, con un 13,2% en su forma más severa”.
La problemática no termina en el plato de comida. El acceso a la salud pública se ha convertido en el único refugio para la mayoría, alcanzando el valor más alto registrado en toda la serie estadística.
Según los datos, “el 61,2% de los NNyA en 2025, carece de cobertura de salud a través de obra social, mutual o prepaga”, lo que profundiza la fragmentación del sistema sanitario y las barreras de acceso para los sectores más humildes.
Más allá de los ingresos: una pobreza de experiencias
La UCA invita a reflexionar sobre una dimensión de la pobreza que suele quedar fuera del debate político cotidiano y de los festejos gubernamentales: la privación emocional y cultural. Para el Observatorio, “la pobreza no es solo falta de ingresos: es también falta de experiencias, de vínculos y de estímulos clave en la vida cotidiana”.
Los datos revelan que el 37,5% de los menores sufrió privaciones en su vestimenta por falta de recursos, con consecuencias que también impactan en su bienestar psicológico.
El informe concluye con una advertencia sobre el impacto en el aprendizaje, señalando que “factores que más inciden son el ausentismo docente y/o suspensión de clases, el malestar emocional, la falta de amigos, el escaso disfrute escolar y la ausencia de lectura”.
Ante esta realidad, la mirada de la ODSA-UCA reafirma que la urgencia argentina reside en políticas integrales que miren más allá de las planillas del Ministerio de Economía.

