La rosca legislativa y las disputas por el sentido histórico de los distritos bonaerenses volvieron a chocar de frente en la Legislatura. Es que la Comisión de Intereses Marítimos, Portuarios y Pesca de la Cámara de Diputados dio luz verde por unanimidad a un proyecto que promete encendidas polémicas: avanzar con el cambio de nombre del tradicional Puerto La Plata, que pasaría a llamarse “Puerto Región Capital, Ensenada de Barragán”.
La iniciativa, impulsada originalmente por la exdiputada y actual titular del Consorcio de Gestión del puerto, Susana González, y retomada en el cuerpo por la legisladora de Fuerza Patria Silvina Nardini —con aportes del massista Juan Malpelli—, busca hacer un “acto de justicia histórica” con el municipio costero. Según explicaron los impulsores, la terminal nació vinculada a la Ensenada de Barragán defensora del Virreinato antes de la fundación de La Plata en 1882 y la posterior inauguración formal del puerto en 1890, sumando el rótulo de “Región Capital” para reflejar el potencial del polo industrial.
Sin embargo, el dictamen positivo de comisión abrió un frente de tormenta político inmediato con epicentro en la capital provincial, donde la jugada cayó pésimo y sacudió el tablero regional.
“NO ES UN PUERTO CON EL NOMBRE DE LA PLATA, ES EL PUERTO DE LA PLATA”
La resistencia al cambio de nomenclatura no tardó en hacerse escuchar y encontró su principal vocero en el senador provincial platense de HECHOS Marcelo Leguizamón, quien salió a cruzar duramente la iniciativa a través de un enfático documento político donde repudió de plano la modificación.
Con un tono filoso y apelando a la defensa de la identidad local, el legislador de la Octava Sección desarticuló los argumentos del proyecto: “Hay cosas que no se discuten porque ya las escribió la historia. El Puerto La Plata está en Ensenada y en Berisso, lo sabemos. Lo que parece haberse olvidado es por qué existe. Las Lomas de la Ensenada no se eligieron por el paisaje, se eligieron porque ahí la nueva capital podía tener su propio puerto de ultramar. Se construyó para esa ciudad; se llama La Plata porque nació para La Plata”, disparó el senador.

En esa misma línea, Leguizamón cuestionó la pirueta nominal del expediente, señalando que buscar el reconocimiento de Ensenada no puede hacerse a costa de borrar la impronta platense. “Se puede sumar sin restar. Le sacan el nombre a la capital para ponerle ‘Capital’. Mantienen la idea y borran a la ciudad. Es un cambio que no cambia nada, salvo los 130 años de historia”, ironizó.
Para el dirigente platense, la discusión legislativa prioriza debates estériles por sobre las demandas estructurales que verdaderamente preocupan a la región productiva: “Nadie se preguntó lo básico: ¿Cuánto cuesta? ¿Cuántos barcos más van a llegar? ¿Qué inversión trae? ¿Cuántos empleos crea? Al puerto le faltan accesos, inversión y competitividad. Nombre ya tiene”.
Cerrando filas contra la medida, el senador advirtió que la historia de la región se forjó integrando ciudades y no enfrentándolas, y sentenció con una tajante advertencia de cara al debate que se viene en los recintos: “La historia de nuestra región no necesita borrar el nombre de La Plata; necesita inversión, infraestructura y una visión de futuro compartida. Necesitamos más puerto, no otro nombre”.


