En la sociedad de fomento de Villa Astolfi, en Pilar, volverán a instalarse este sábado mesas para intercambiar ropa, alimentos, herramientas y hasta servicios. La escena, con matices, remite a una imagen que quedó asociada a la crisis de 2001: el club del trueque. Esta vez, la iniciativa surgió en asambleas vecinales y ya reúne a más de 50 personas interesadas en participar.
La propuesta también toma como referencia una escena que comenzó a hacerse habitual en el barrio: vecinos que se instalan en plazas o cerca de las estaciones con una manta o un paño y ofrecen ropa usada, objetos que ya no utilizan o mercadería. “Acá en las plazas y en las estaciones se ve mucha gente que tira el trapo y surge una feria ahí genuina”, contó a Infocielo Ana Barreto, dirigente local de Libres del Sur y una de las organizadoras del encuentro junto a la Sociedad de Fomento de Villa Astolfi.
La propuesta tomó forma a partir de una campaña de emergencia alimentaria que Libres del Sur realizó durante julio en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires y luego de un relevamiento de más de 1.300 familias en la provincia. Según los datos de la organización, el 50% de los hogares encuestados se endeuda para comprar alimentos, el 60% dejó de consumir carnes, lácteos, frutas o verduras por falta de dinero y el 70% redujo las porciones o directamente se salteó alguna comida.
“Tenemos algunos espacios comunitarios como merenderos, comedores y actividades comunitarias, y la gente se acerca directamente a pedir fideos, arroz, ni hablar de aceite y azúcar, que por ahí es lo más caro”, contó Barreto. A partir de esas demandas apareció la posibilidad de generar un espacio donde los vecinos pudieran intercambiar aquello que tienen por productos que necesitan.
Endeudarse para comer y saltearse comidas
La iniciativa se apoya también en un monitoreo realizado por Libres del Sur a través de más de 1.300 encuestas en distintos puntos de la provincia. En Pilar, el relevamiento alcanzó a familias de diferentes localidades y contempló situaciones de trabajadores registrados, trabajadores informales, personas desocupadas y jubilados.
Según los datos difundidos por la organización, el 50% de las familias encuestadas se endeuda para comprar alimentos, mientras que el 60% dejó de consumir carnes, lácteos, frutas o verduras por falta de dinero. Otro dato que encendió las alarmas es que el 70% tuvo que reducir las porciones o directamente saltearse alguna comida.
Barreto aseguró que detrás de esos números aparecen situaciones todavía más crudas. “Hay gente que hasta le daba vergüenza contar un poco su realidad”, relató. Entre los testimonios recogidos, mencionó familias que estiran el almuerzo con mate para poder concentrar los alimentos en la cena y adultos que directamente dejan de comer para que puedan hacerlo sus hijos.
Hay una realidad de los que menos tienen que es muy cruda, la verdad es que realmente pasan hambre
La dirigente también marcó un dato que, a su entender, permite observar el alcance de la problemática: la dificultad para acceder a los alimentos ya no aparece solamente entre quienes están desocupados o tienen trabajos informales.
“También de los laburantes que tienen trabajo registrado, tienen que endeudarse para comprar alimentos”, afirmó. Según describió, algunas familias recurren a las tarjetas de crédito, compran en cuotas o solicitan préstamos para poder completar la compra del supermercado, generando un círculo de endeudamiento que se repite todos los meses.
Del alimento a las herramientas y los servicios
La convocatoria para el club del trueque rápidamente superó las expectativas de sus organizadores. Se creó un grupo de WhatsApp para ordenar la participación y ya hay más de 50 personas, muchas de las cuales llegaron por fuera de los contactos habituales de la organización.
La propuesta no tendrá restricciones ni costo para quienes quieran participar. Habrá mesas y tablones para quienes necesiten un puesto, aunque también podrán acercarse quienes tengan pocas cosas para intercambiar.
Los primeros intercambios ya comenzaron a aparecer en el grupo. Hay vecinos que ofrecen y buscan principalmente ropa y alimentos, pero también surgieron herramientas, accesorios y productos de elaboración casera. Una participante ofrece tortas y budines, mientras que otra pone a disposición sus servicios de uñas.

“Ya surgieron ahí los primeros intercambios principalmente de ropa y de alimentos, que piden y que ofrecen, las dos cosas”, contó Barreto.
El encuentro estará abierto a cualquier persona que quiera acercarse. La idea es que pueda llevar aquello que tenga disponible para intercambiar y buscar, a cambio, algún producto o servicio que necesite.
Una postal que evoca al 2001 pero con diferencias
La aparición de un club del trueque en el Conurbano despierta una comparación inmediata con la crisis de 2001. De hecho, Barreto contó que muchos vecinos reaccionaron con sorpresa al conocer la iniciativa.
“Dicen: ‘No puede ser, ¿cómo podemos volver al trueque? Estamos retrocediendo en el tiempo’”, relató.
Sin embargo, la dirigente considera que la situación actual tiene diferencias importantes con aquel momento. Según su mirada, durante las últimas décadas se consolidó una red de sindicatos, organizaciones sociales y espacios comunitarios que hoy funcionan como una estructura de contención frente a las dificultades económicas.
“Me parece que en el 2001 todo eso no existía, toda esa contención social que hoy sí existe y es clave justamente para organizar estas estrategias de supervivencia”, explicó.
Para Ana Barreto, el club del trueque aparece entonces como una herramienta más dentro de una serie de estrategias que las familias desarrollan para afrontar el deterioro de sus ingresos. Una respuesta que, en este caso, no nació de una estructura formal sino de una necesidad planteada por los propios vecinos en una asamblea.
El primer encuentro se realizará en Soler 2851, Villa Astolfi, Pilar, cerca de la estación del tren San Martín, entre las 10 y las 16 horas. La convocatoria es abierta y quienes concurran podrán llevar productos, ropa, herramientas u otros bienes para intercambiar.

“Me parece que hay una realidad, hay un humor social muy diferente también”, sostuvo Barreto al comparar el presente con la crisis de hace 25 años.
La postal podrá recordar al 2001, pero para quienes impulsan la iniciativa el objetivo es otro: encontrar, en medio de la crisis, una forma colectiva de resolver necesidades concretas. “La idea es poder ayudar a la gente y que haya una salida colectiva a toda esta miseria, todo el hambre y la pobreza”, resumió Barreto.

