Para sacar el pedigrí de candidato, para establecerse, para consolidarse como un equipo capaz de pelear el campeonato y la chance de jugar la Copa Libertadores… Para todo eso, Gimnasia deberá aprender a cerrar los partidos. A meterle un candado al resultado ya sea con mayor contundencia en ataque o más claridad en defensa. Porque el equipo del Pata Pereyra llegó a los 44 minutos del segundo tiempo como líder transitorio de su zona y al mismo nivel de puntos que el último clasificado a la CL, pero un gol agónico terminó derrumbando el castillo de arena.
La calentura que expresó Silva Torrejón y el lamento de Auzmendi fueron primos hermanos. El concepto que ambos volcaron ante los micrófonos de la tevé, un denominador común: la necesidad de un “aprendizaje”. Porque GELP, que arrancó ganando por un gol de Agustín Auzmendi, que se recompuso del minuto fatal que incluyó el penal fallado por Zalazar y el empate marcado por Gómez, no supo de qué manera conservar esa distancia que había logrado. Ese 2-1 que el Gallego Silva Torrejón gritó con la pelota en la panza dejando un mensaje tierno para Vito, que viene en camino.

Ese doble recorte de David Zalazar a los 45 minutos del segundo tiempo acabó en remate impecable al ángulo. Una remake del bombazo de Julián Álvarez a Suiza que festejó Pedrito Troglio en el banco, prócer ovacionado que reverenció a su gente en la postal más emotiva de la tarde. Un sacudón en el arco de Nelson Insfrán y un baldazo para un Gimnasia que tuvo la gran oportunidad de escalar. Y se le escapó.
Debe dar ese paso, Gimnasia. Creérsela. Porque tiene con qué competir. Con qué hacer daño. Con Nacho Fernández como eje del juego, en el primer tiempo domó a Banfield hasta el 1-1. Supo hallar los espacios, estuvo cerca de abrir el juego apenas comenzó el encuentro (centrazo de Silva Torrejón, tiro de Auzmendi al poste) y maquillar la ausencia de Nacho Miramón. Y ya en el segundo, Auzmendi había entendido que aguantar arriba y descargar con inteligencia era valioso para mantener lejos a la defensa de Banfield. Para que no se animara.
Todo parecía redondo. Todo. Tanto que ese slalom que llevó a Alexis Steimbach a patinarse fue la génesis de ese pisotón a la escultura futbolística que el equipo de Pereyra sentía era robusta. Pudo serlo, por caso: Manuel Panaro tuvo una clara jugada en la que quedó mano a mano con Diego Rodríguez, pero entre el pie izquierdo del Ruso y la clara falta de rodaje de Manu hicieron que un ataque peligroso derivara en una atajada en modo despertador.
Ahí, Banfield entendió que tenía vida. Que había una chance más y la aprovechó. Y Gimnasia lo sufrió. Se quedó empantanado en la bronca. Ya era tarde para algo más. Para hacer la diferencia que pudo ampliar con el penal fallado por Lucas Janson, por la de Manu, por las aproximaciones que insinuaron algo que nunca se dio. Por eso el empate que deberá servirle como enseñanza al Pata. Porque, todavía en buena posición para estar en los playoff, si toca ir a los mata-mata allí no habrá revancha.


