El vocero presidencial y actual Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, el hombre que construyó su carrera mediática y política disparando dardos de 140 caracteres en Twitter contra lo que llamaba “la casta”, parece haber encontrado en el poder una comodidad que antes denunciaba como pecado mortal.
La reciente investigación del periodista Sebastián Lacunza publicada en elDiarioAR dejó al descubierto que el funcionario disfruta de las prerrogativas del Estado, y que también se mueve en las sombras del lujo privado con una opacidad que despierta interrogantes.
El secreto de Punta del Este: 10.000 dólares y un hangar VIP
Mientras el país atraviesa un fuerte ajuste bajo el discurso oficial de la austeridad, Adorni decidió pasar su descanso de carnaval en Punta del Este. Entre el 12 y el 17 de febrero viajó en un jet privado Honda Jet, matrícula LVHWA, cuyo costo estimado ronda los US$ 10.000 entre ida y vuelta.
El funcionario no viajó solo. Lo acompañaron (como en ka incursión libertaria a Nueva York, su esposa Bettina Angeletti, familiares y su amigo Marcelo Grandio, periodista de la TV Pública que posee un programa en los medios estatales bajo la actual gestión.

El punto más controvertido de la escapada además del costo del vuelo, difícil de compatibilizar con un patrimonio declarado de apenas 2,5 millones de pesos, fue “el operativo de ocultamiento” que rodeó el regreso al país.
Según la investigación periodística, al aterrizar en el aeropuerto de San Fernando, el funcionario solicitó realizar los trámites migratorios dentro de un hangar privado para evitar pasar por las áreas comunes.
De esta manera, quien durante años exigió transparencia absoluta a la dirigencia política habría optado por utilizar privilegios propios de un “personaje VIP” para evitar quedar expuesto ante otros pasajeros o trabajadores aeroportuarios.
Nueva York y el argumento del “deslomado”
El episodio se suma a la polémica aún vigente: el viaje oficial a Nueva York junto al presidente Javier Milei. Allí, Adorni admitió que su esposa lo acompañó en el avión presidencial Tango 01, generando cuestionamientos por el uso de recursos públicos para fines personales.
Consultado sobre el tema, el funcionario ofreció una explicación que rápidamente generó repercusiones. “Yo quería que mi mujer me acompañe porque es mi compañera de vida y porque me da una mano”, afirmó, intentando justificar su presencia en la comitiva oficial.
En ese mismo intento por normalizar la situación, sostuvo que durante el viaje se preparaba para “deslomarse” trabajando durante cinco días en Estados Unidos.
La frase, lejos de desactivar la polémica, fue interpretada por propios y extraños como una admisión de un privilegio que anteriormente su propio espacio político denunciaba como escandaloso.
Incluso, en medio de la explicación, el vocero “la embarró más” y amplió el argumento señalando que “hay mujeres de otros funcionarios” que también participan de viajes oficiales.
Esa declaración terminó trasladando la discusión hacia una práctica más amplia dentro del propio gobierno.
La metamorfosis de la “casta”
Las revelaciones generan un contraste evidente entre el discurso que popularizó a Adorni en redes sociales y las decisiones que tomó desde su llegada al poder.
Durante años criticó con dureza cada gasto del gobierno de Alberto Fernández, especialmente aquellos vinculados con viajes oficiales o privilegios de funcionarios.
También existe un archivo de antes de ser funcionario, también en Punta del Este, y con el mismo protagonista del viaje que ahora lo tiene contra las cuerdas, el periodista Marcelo Grandío.
Hoy justifica la presencia de su esposa en el Tango 01 y defiende su derecho a realizar viajes privados de alto costo bajo el argumento de que pertenecen a su “vida privada”.
Sin embargo, en el ámbito de la ética pública, cuando se ocupa un cargo de alta responsabilidad estatal, el origen del financiamiento de un viaje de 10.000 dólares o la utilización de procedimientos especiales para evitar controles públicos dejan de ser cuestiones personales y pasan a formar parte del escrutinio público.
La paradoja es inocultable: el funcionario que se hizo conocido denunciando a la “casta política” aparece hoy envuelto en cuestionamientos por privilegios que recuerdan a aquellos que criticaba.
Entre jets privados, hangares VIP y viajes en el avión presidencial, la figura de Manuel Adorni enfrenta una metamorfosis que deja en “blanco sobre negro la distancia entre el discurso político y la práctica del poder. “Todos chorros, del primero al último”, podría parafrasearse a algún ex presidente uruguayo.

