Se lo podría calificar como “el dogma de la cancelación y el divorcio de la realidad”. Porque se instaló hace años un universo de la corrección política, en donde hay temas que de la noche a la mañana fueron declarados extintos por “decreto intelectual”. Sin consulta previa ni debate sincero con la sociedad, un sector que se autoproclamó “reserva moral del sentido común” decidió qué expresiones culturales eran válidas y cuáles debían ser arrojadas al baúl del olvido. Los certámenes de belleza cayeron de lleno en esa redada ideológica. Bajo el sello de la “agenda del progreso”, se asumió que hablar de estética, pasarela o concursos de misses era un anacronismo insalvable.
Sin embargo, el mundo real sigue girando más allá de la corteza de las redacciones periodísticas porteñas y los despachos “biempensantes”. En Latinoamérica, en el ámbito anglosajón y en vastas regiones del planeta, estos certámenes mutaron, se profesionalizaron e integraron oratoria, proyectos comunitarios, idiomas y talentos artísticos. Pero acá se prefirió la salida más fácil y dogmática: la prohibición tácita y la invisibilización mediática.
Eva, el talento propio y los jueces del teclado
El triunfo de Eva Rodríguez Quadrini (“Eva RQ”), la nena platense de 10 años consagrada como Reina Internacional de Belleza en la categoría Little en República Dominicana frente a participantes de decenas de países, expuso con violencia esa fisura. La cobertura de Infocielo no nació de la imposición ni del estereotipo, sino del seguimiento genuino a una nena con una soltura, una capacidad expresiva y un carisma que impactan.
Quienes se atrevieron a mirar la entrevista de casi media hora (realizada por quien esto escribe) antes de su viaje pudieron comprobar algo que descoloca al prejuicioso: no hay allí padres manipuladores buscando salvarse económicamente o empujando a una hija a cumplir frustraciones ajenas. Hay una familia acompañando (generalmente con recursos propios) el deseo ferviente, la iniciativa y la vocación de una nena que vibra en ese escenario.
Sin embargo, la respuesta del “tribunal del sentido común” no tardó en aparecer en los comentarios: cataratas de juzgamiento, frases hechas sobre “dejar a la infancia en paz” y sermones sobre lo que “atrasa”. Una crueldad disfrazada de empatía que califica de víctima a quien no lo es, solo porque su pasión no encaja en el molde ideológico del comentarista de turno.
La paradoja mediática: del desprecio al sesgo
Lo curioso (y a la vez previsible) es la reacción del ecosistema mediático. Cuando una noticia de esta naturaleza estalla en la gente por el impacto orgánico de su protagonista, los mismos medios que decretaron la muerte del género se quedan descolocados. Habitualmente, cuando ven un pico de tráfico en un medio regional (como sucede en Infocielo en este caso), se apresuran a subir al tren para arañar algún click. Pero con el caso de Eva prefirieron, al menos hasta ahora, el silencio.
Quizás consideran que “cubrir” a una nena argentina que triunfa en el exterior en un certamen de desenvolvente talento “atrasa“. Prefieren mirar para otro lado antes que admitir que hay una audiencia masiva, real y popular que celebra estos logros. Es el síndrome de la autocensura: si la noticia contradice el libreto, la noticia no existe.
El efecto péndulo: de la imposición minoritaria a Milei
Esta dinámica de la “progresía boba” no es un fenómeno aislado de los medios; es la misma matriz que moldeó la política argentina de los últimos años.
Durante mucho tiempo, una minoría ruidosa e hiperrepresentada logró imponer una agenda moral a expensas de las grandes mayorías. Se legisló, se opinó y se dictaminó desde una torre de marfil, ignorando el sentir y los gustos populares en nombre de batallas simbólicas que a la persona de a pie no le solucionaban la vida.
El resultado de sobregirar la rosca ideológica está a la vista: la reacción social. El hartazgo frente al aleccionamiento constante fue el motor que empujó el péndulo hacia el otro extremo, pavimentando el camino para el surgimiento y la consolidación de liderazgos como el de Javier Milei.
Cuando se censura a la mayoría para complacer los dogmas de unos pocos, la sociedad se rebela y busca refugio en el polo opuesto, aunque sea demencial, dejando una grieta cultural donde el equilibrio parece imposible.
Reivindicar sin censurar
Rescatar la historia de Eva no significa sostener que los concursos de belleza deban ser la vara de la sociedad, sino entender que el periodismo también está para contar historias de vida, talento y esfuerzo, sin pedirle permiso al tribunal de turno.
Infocielo decidió dar visibilidad a una chica talentosa, con desenvoltura e ingenio, que llevó la bandera argentina a lo más alto en su categoría. Decir que esto “atrasa” es, en realidad, el pensamiento más retrógrado de todos: el de aquellos que creen que la libertad de elegir solo vale si encaja en su propio libreto.


