El centro de la ciudad de La Plata se transformó en un escenario de profundo afecto y nostalgia tras la partida de Sergio “Pachu” Montero, la histórica estatua viviente que formó parte de la vida cotidiana platense durante un cuarto de siglo. Vecinos, transeúntes y comerciantes locales se autoconvocaron este lunes al mediodía en la emblemática esquina de calle 8 y 49, a pocos metros de la Galería Rivadavia, con el objetivo de rendirle un merecido tributo.
El artista fue hallado sin vida el pasado miércoles 14 de octubre en su vivienda particular de la localidad de Altos de San Lorenzo, ubicada en la zona de 76 entre 13 y 14. Tras la intervención del personal médico del SAME que constató su deceso a los 61 años, la Justicia inició las actuaciones correspondientes para esclarecer las circunstancias del hecho, mientras la noticia de su muerte generaba una enorme conmoción en toda la comunidad.

Flores, notas y recuerdos en el corazón del centro
Durante la emotiva jornada de este lunes, el espacio donde solía realizar sus intervenciones urbanas se colmó de ofrendas florales, velas y mensajes dedicados por quienes compartieron con él su paso diario por el centro comercial. Carteles con frases como “Te voy a extrañar Sergio, me hiciste muy feliz en los momentos más tristes”, “Gracias por la alegría de siempre” y “Hasta siempre Pachu, no te vamos a olvidar” reflejaron el hondo impacto que dejó su trabajo entre grandes y chicos.
Comerciantes de la Galería Rivadavia y peatones frecuentes de la arteria comercial recordaron su amabilidad y dedicación constante al arte público. Para muchos, su presencia inmóvil pero cálida formaba parte de la identidad misma del paseo de compras platense, habiendo acompañado el crecimiento de múltiples generaciones que se detenían a observarlo o a tomarse una fotografía junto a su clásica indumentaria plateada.

Un ícono del arte urbano y la cultura popular
Con su característico atuendo de tonos metalizados y una notable capacidad física para permanecer inmóvil durante largas horas, Montero construyó una figura entrañable dentro del panorama cultural de La Plata. A lo largo de sus 25 años de trayectoria en la vía pública, desarrolló sus performances en diferentes puntos neurálgicos de la ciudad, destacándose sus comienzos en los alrededores de la concurrida Plaza Moreno antes de asentarse de manera definitiva sobre la peatonal de calle 8.

El homenaje popular espontáneo reafirmó el valor transformador del arte callejero y la huella imborrable que Pachu dejó en la memoria colectiva platense. Su legado perdurará en la esquina que habitó durante años, donde la comunidad no solo despidió al artista, sino también al vecino que con su esfuerzo diario llevó sonrisas y momentos inolvidables a las calles de la capital bonaerense.


