La siesta se convirtió en una escena de guerra en Rafael Castillo. Lo que parecía una tarde tranquila terminó con balazos, motores rugiendo al límite y una casa destruida por una persecución que parecía sacada de una película, pero que dejó miedo real y paredes destrozadas.
Todo arrancó en Isidro Casanova, cuando una banda armada intentó robarle el auto a un policía que estaba de civil. La respuesta fue inmediata: gritos, disparos y una fuga desesperada. Los delincuentes escaparon en dos vehículos, mientras uno de ellos quedaba herido de bala. Desde ese instante, la huida se volvió una carrera contra el tiempo.
La Plata: dos jóvenes evadieron un control y un policía los persiguió ¡en bicicleta!
Con patrulleros pisándoles los talones, los ladrones decidieron hacer una jugada desesperada: interceptaron a una mujer que manejaba un Peugeot 308 y la obligaron a detenerse. Querían que llevara al cómplice baleado al hospital. La conductora se negó y lo que siguió fue brutal: la bajaron por la fuerza y se quedaron con el auto. El plan era dejar al herido en el Hospital Balestrini y seguir la fuga.
Pero la policía no aflojó. Durante casi cuatro kilómetros, la persecución atravesó calles, esquinas y semáforos sin que nadie pudiera imaginar cómo iba a terminar. El desenlace fue en Rafael Castillo, en una esquina común que, en segundos, pasó a ser escenario del caos.
A toda velocidad, el patrullero intentó cerrarles el paso. Hubo un volantazo, un golpe seco… y después, el estruendo. Los dos autos volaron sobre la vereda y se incrustaron en una vivienda. El Peugeot quedó literalmente montado sobre el móvil policial, como una postal absurda y aterradora: chapa contra chapa, fierros retorcidos y una pared hecha pedazos.
Adentro de la casa, una familia acababa de salvarse por minutos. Estaban en el patio, con los chicos jugando, cuando decidieron entrar. Instantes después, la tranquilidad estalló en mil pedazos. La casa tembló como si hubiera explotado una bomba.
Los delincuentes salieron corriendo entre gritos y tiros. Hubo intercambio de disparos en plena cuadra, mientras vecinos se tiraban al piso y cerraban puertas a las corridas. El policía que conducía el patrullero quedó tendido en el asfalto. El terror se apoderó del barrio.
Minutos más tarde, la policía logró capturar a dos de los sospechosos, pero la escena ya estaba marcada: una casa destrozada, una familia en shock y una esquina convertida en campo de batalla urbano.

