Lo que empezó como una escena casi absurda al costado de la Ruta Nacional 3 terminó convertido en un expediente federal que ahora pone bajo la lupa a la propia policía. Un joven de 30 años fue detenido en cercanías de Carmen de Patagones por estar haciendo dedo con un uniforme militar sin insignias. Pasó alrededor de siete horas en un calabozo acusado de “usurpación de autoridad”. Nunca dijo ser militar. Nunca intentó ejercer función alguna.
Según consta en la causa, el 27 de enero dos patrulleros interceptaron al joven y a su pareja mientras esperaban que alguien los acercara en la ruta. Lo revisaron, lo trasladaron a la comisaría y le secuestraron la ropa. La acusación: vestir un uniforme del Ejército Argentino. La realidad, según su entorno, es otra: era la única prenda que tenía.
Desde la Defensoría Federal confirmaron que el joven presenta retraso madurativo, posee Certificado Único de Discapacidad y vive en condiciones extremas de vulnerabilidad. El uniforme, explicó un amigo oriundo de Pigüé, había sido encontrado en un basural, lavado y regalado porque el muchacho “ni ropa tiene”. No tenía insignias, grados ni identificación.
Aun así, estuvo horas detenido.
¿Exceso o desconocimiento?
El defensor oficial federal José Ignacio Pazos Croccito pidió que se anule la acusación por usurpación de autoridad y, además, solicitó que se investigue a los policías intervinientes —identificados como Carlos Romero y Carlos Fernández— por abuso de autoridad y privación ilegal de la libertad.
El expediente, junto con la denuncia contra los efectivos, quedó en manos del fiscal federal subrogante Dino Berdini.
En su presentación, el defensor fue contundente: la mera utilización de una prenda sin insignias ni ejercicio de función no configura delito. Y, aun en la hipótesis más severa, nada justificaba una privación de libertad prolongada. Mucho menos tratándose de una persona con deterioro cognitivo visible.
El planteo no solo discute la tipicidad penal del hecho, sino la razonabilidad del procedimiento. ¿Puede una fuerza de seguridad detener durante horas a alguien únicamente por su apariencia? ¿Alcanza una sospecha superficial para restringir la libertad de una persona vulnerable?
Vulnerabilidad y poder
La pareja del joven relató que ambos estaban haciendo dedo cuando fueron interceptados. Ella permaneció afuera de la comisaría durante horas, sin información clara sobre lo que ocurría. El uniforme quedó secuestrado y ella tuvo que conseguirle otra ropa para que pudiera salir.
El eje del conflicto no es menor: el delito de usurpación de autoridad exige asumir actos propios de una función que requiere habilitación. No vestirse como tal. No esperar al costado de una ruta. No ser pobre.
El caso abre un interrogante incómodo sobre los límites del accionar policial. Porque si la intervención se originó exclusivamente en la apariencia externa —sin denuncia, sin conducta activa, sin riesgo concreto— la respuesta estatal parece haber sido desproporcionada.
Ahora será la Justicia Federal la que deberá determinar si hubo delito por parte del joven o si, por el contrario, el exceso fue de quienes tenían la obligación de actuar con prudencia.
CON INFO DE labrujula24.com

