Estudiantes sigue sin estar a la altura en el torneo local. Más allá de haber ganado algunos partidos y haya evidenciado mejoras en relación a lo mal que empezó el semestre, la derrota ante Central Córdoba es un manchón en las decisiones que el entrenador tomó en algunos partidos.
Pero más allá de su error al armar el mediocampo, el equipo carece de rigidez psicológica a la hora de afrontar partidos. Parece sentirse cómodo jugando con el agua al cuello. Cuando más tensión tiene el partido y, en algunos casos, el proceso, mejor le salen las cosas. En cambio, cuando el partido le resulta amigable o no parece precisar de una concentración extrema para enfrentar a un rival en igualdad o inferioridad de condiciones, empiezan los problemas.
Pocos minutos, grandes desazones
Acaso la primera vez que el equipo mostró algo de lo que se vio ante CCO fue en la derrota ante la U de chile por la Copa Libertadores. Ganaba cómodo de entrada por el gol de Piovi y un par de explosiones antes delos diez, hicieron que pase a perder 2 a 1 por los goles de Áranguiz y Zaldivia.
La segunda expresión de mandíbula floja fue en el partido ante Banfield. Se fue al entretiempo ganando con baile. Toques, control, goles… fútbol total frente a un equipo prendido fuego. Pero en apenas nueve minutos le convirtieron tres veces y terminó perdiendo un partido insólito por donde se lo mire.
Y este último, ante Central Córdoba fue la gota que rebasó el vaso. Fue tan insólito el planteo como el rendimiento de algunos jugadores. Algo que el Pincha deberá mejorar si quiere pelear en serio por cosas importantes.