“La empanada es carne o humita“, dicen los perennes consumidores de este clásico argentino.
No admiten ‘palermeadas’, es decir innovaciones que se aparten del menú standard de toda la vida. A lo sumo pueden aceptar alguna de jamón y queso (para niños), o de verdura (para ‘veggies’).
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Lo cierto es que el ranking presentado por la Asociacion de Pizzerias y Casas de Empanadas de la República Argentina incluye como a las más elegidas las de sabores típicos, pero a la vez agrega algunas variantes que desataron polémica entre los amantes de esta preparación fácil y rápida de comer (siempre y cuando se la compre hecha).
Faltan pocos días para la festividad de la empanada, y algunos no resisten siquiera que a su lado se hable de “carne cortada a cuchillo, bondiola a la barbacoa, capresse, calabaza, o queso y cebolla caramelizada”.
Pero la variante que más rebeldía provoca es, sin dudas la empanada de cheese burguer. Sus detractores dicen que es como intentar producir empanadas de guiso de lentejas o de mondongo al escabeche. Según argumentan es la perdición y la perversión mancomunadas para destruir una tradición que cada vez más se ve alterada por variedades que buscan conformar a un público que proviene de “otro palo”.
Lo comparan al tanguero de la década del 40 queriendo entender a Astor Piazzolla, o a Pappo mandando a los DJ a buscarse un trabajo honesto.
En el ranking, presentado con porcentajes de consumo, se coloca a la empanada de ‘carne suave’ como la más elegida con el 20% del ‘share’. Los puristas inclusive cuestionan el adjetivo ‘suave’, porque para ellos la de carne debe ser de carne a secas, y no diferenciar entre suave, picante o como señalan, la más representantiva de la ‘generación de cristal’: la ‘cortada a cuchillo’.
La de pollo y la de roquefort no encuentran demasiados fanáticos, pero tampoco se inundaron de detractores.
Lo real es que la empanada, como cada plato típico argentino tiene a sus fundamentalistas, especie de “integrados’, conservadores, o defensores del sistema ya desplegado y el status quo, y a los apocalípticos, los modernos e innovadores que buscan darle una vuelta de tuerca, llegando a crear rellenos tan exóticos como una de pastrón bien especiado (una tapa de asado marinada con coriandro, paprika, pimentón, pimienta y sal, en larga cocción), repollo encurtido, mostaza de Dijon y queso Emmental, en una masa de elaboración artesanal…
U otra de chorizo de cerdo, chimichurri casero y mozzarella, todo envuelto en masa casera y cocida al horno.
O quizás una de las más polémicas y jugadas: una empanada de cantimpalo intenso (chorizo de cerdo con pimentón) y queso mozzarella en masa hojaldrada cocida al horno.
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