La tradición y la normativa argentina en materia comercial impide las publicidades comparativas, en donde un spot menciona a una marca diferente de la que está haciendo publicidad, algo habitual en Estados Unidos y en otros países, pero que en nuestro medio históricamente no se ha dado.
La excepción la marcan aquellos comerciales de tipo sutil, que utilizan la alusión sin una mención explícita (es decir de manera tácita) de su rival, para hacerlos quedar en una posición generalmente subsidiaria y hasta ridícula en relación de la marca protagonista de esa publicidad, ya sea gráfica, radial, televisiva o de Internet.
UN COMERCIAL QUE ATACA A QUILMES
Este es el caso de la última creación de la cerveza Schneider, fabricada por un grupo comercial chileno que se convirtió en los últimos años en sponsor oficial de la Selección Argentina de fútbol.
El spot de la cerveza de apellido alemán que rivaliza con Quilmes como sponsor oficial de la selección, dejándola ver como si fuera “mufa”
Emitido en esta previa de la copa América a jugarse desde el 20 de junio, el spot de esa cerveza crea una realidad contrafactica en la que su marca era ya sponsor en los mundiales consecutivos desde 1994 hasta 2018 y los resultados terminaban exactamente inversos a los que se dieron en todos esos años de sequía mundialista.
Con una creatividad inusitada, la marca intenta hacer ver a sus competidores y predecesores en la sponsorización del combinado nacional como una especie de “mufas” que le impidieron al elenco de la celeste y blanca alzarse con más títulos. Presentan un pasado distópico en el que de haber sido ellos los auspiciantes como en la última Copa América de Brasil, la finalisima con Italia, y el Mundial de Qatar, todo hubiera fluido de un modo diametralmente opuesto para nuestro representativo nacional del deporte más popular en Argentina.
SPONSOREO ‘OFICIAL’ DE LA SELECCIÓN ARGENTINA
Un grupo de jóvenes fantasea en el spot con “que hubiera pasado si…”, la celeste y blanca hubiese tenido a su cerveza como sponsor, y allí comienza con la enfermara que acompañó a Diego Maradona en Estados Unidos 1994, previo al doping positivo frente a Nigeria, saliendo con un jugador africano en lugar de con el 10 de nuestra selección.
La referencia al ’98 es un cabezazo del “Burrito” Ortega que ingresa y se transforma en gol, cambiando la suerte del resto del torneo en aquella selección de Daniel Passarella en Francia.
Aludiendo a 2002 en Corea-Japón, la distopia es “el grupo de la muerte”, que en lugar de ser tan competitivo como el que dejó fuera al equipo de Marcelo Bielsa en primera ronda con Inglaterra, Suecia y Nigeria, toca con Angola, Haití y Chipre.
En 2006 el arquero alemán no logra entender la letra del machete que le indicaba hacia donde arrojarse en los penales que dejaron afuera al equipo de José Pekerman.
En la selección de 2010, de Maradona como técnico, el famoso “Pulpo Paul” elige en suerte a Argentina y no a Alemania, y todo se da vuelta en aquella Sudáfrica, hasta el punto que a nuestros hinchas terminan gustándoles las incordiosas vuvucelas.
Ya en Brasil 2014, una hincha con la camiseta escucha el partido final contra los teutones por radio, e insinúa “por abajo, por abajo”, en clara referencia a como debió haber definido Rodrigo Palacio para concretar el gol ante Manuel Neuer que lo hubiera cambiado todo, en el subcampeonato de Alejandro Sabella como entrenador.
La mención a 2018 crea un juego de palabras con el autor del zapatazo que dejó afuera a la selección, porque intenta decir que el PA-VAR (jugando entre el apellido Pavard del jugador francés autor del gol, y el incipiente VAR), había anulado la anotación del 2 a 2, que ayudó al 4 a 3 definitivo de los galos en Rusia sobre nuestro equipo.
LA GUERRA DE LA CERVEZA
Todas estas alusiones para inventar ese pasado diferente de, supuestamente, haber tenido a esa cerveza de apellido alemán como sponsor oficial.
Habrá que estar atentos a cual será la respuesta de Quilmes, una marca que también se caracteriza por sus ingeniosos comerciales, tras esta “mojada de oreja” de su competencia.

