La muerte de Marcelo Araujo a los 78 años cerró la historia de una de las voces más asociadas al fútbol televisado en la Argentina desde fines de los setenta.
Según reportes periodísticos, su salud había comenzado a empeorar visiblemente en el último tiempo, sobre todo luego de que el Covid lo afectara gravemente y lo obligara a permanecer casi dos meses en terapia intensiva.
Su verdadera identidad
Nacido el 12 de junio de 1947 en Buenos Aires, su nombre real era Lázaro Jaime Zilberman. Desde joven se inclinó por el periodismo deportivo y comenzó a trabajar en radio, el espacio tradicional de formación de los relatores argentinos.
Con el tiempo fue trasladando ese oficio a la televisión, un medio que en los años setenta y ochenta todavía estaba buscando su propio lenguaje para contar partidos.
Su crecimiento profesional coincidió con la expansión del fútbol televisado y con la consolidación de un programa que marcaría una época desde 1989 hasta 2004: Fútbol de Primera de Carlos Ávila.
Allí Araujo se convirtió en la voz principal de los resúmenes del campeonato de Primera División durante muchos años. Su estilo buscaba adaptarse a la lógica de la pantalla: ritmo alto, frases cortas, latiguillos y un tono que acompañaba la edición televisiva de las jugadas.
La voz de Fútbol de Primera
Durante las décadas de 1980 y 1990, Fútbol de Primera fue uno de los programas deportivos más vistos del país. En ese contexto, Araujo construyó una sociedad profesional con el periodista Enrique Macaya Márquez, quien aportaba el comentario técnico. La dupla se volvió habitual para el público de los domingos por la noche.
El ciclo, emitido por El Trece durante muchos años, combinaba compactos de partidos con comentarios y análisis. Araujo relataba las jugadas editadas con un tono enfático que se adaptaba al formato televisivo, distinto del relato radial continuo.
El estilo de Marcelo Araujo también quedó asociado a varias muletillas que los televidentes identificaban rápidamente.
Entre las más recordadas aparecen expresiones como “¿Eso fue penal o estoy crazy, Macaya?”, dirigida a su comentarista Enrique Macaya Márquez; “¡Ahí se viene Boooca!” cuando el equipo avanzaba en ataque; “¡Se viene la baaandaaa!” para anunciar una jugada colectiva; “Milagro en el área de…” ante una salvada defensiva; o el reproche futbolero “¡La que te devoraste!” cuando un delantero fallaba una situación clara de gol.
A esas frases se sumó una anécdota muy recordada del relato televisivo argentino: en un partido entre Boca Juniors y Platense en 1992 lanzó al aire “Si lo hacés, me voy” antes de un remate del defensor Luis Medero. El gol se concretó y Araujo cumplió la promesa: dejó la cabina en plena transmisión, un episodio que quedó como una de las historias más repetidas del relato televisivo del fútbol.
Sociedad con Niembro
Otra etapa importante de su trayectoria estuvo vinculada a Fernando Niembro. Ambos trabajaron juntos durante años en transmisiones y programas vinculados al fútbol televisivo. Esa relación profesional también se extendió al terreno de la formación: participaron en proyectos educativos orientados al periodismo deportivo.
Entre ellos se destacó la escuela que impulsaron para capacitar a nuevos profesionales del relato y el comentario deportivo. Por allí pasabam estudiantes interesados en trabajar en radio y televisión, en un momento en que el periodismo deportivo se expandía con el crecimiento de los medios audiovisuales.
Durante aquellos años noventa, la Escuela Superior de Ciencias Deportivas, creada y dirigida por Fernando Niembro y Marcelo Araujo en el centro de Buenos Aires, funcionó como un espacio de formación para muchos jóvenes que luego ocuparían lugares visibles en los medios, e intuían con bastante certeza que habitar esas aulas sería una interesante catapulta hacia los medios más que otras escuelas tradicionales como TEA o DeporTEA, o inclusive más que la universidad pública o privada.
Por sus aulas pasaron, entre otros, Germán Paoloski, Martín Liberman y Sebastián Vignolo, que con el tiempo se convertirían en conductores y comentaristas habituales de televisión y radio deportivas. También cursó allí Walter Queijeiro, que inició su carrera en medios a mediados de los años noventa mientras todavía era estudiante.
La escuela, fundada a comienzos de esa década, se mantuvo activa durante más de veinte años y fue uno de los proyectos paralelos con los que Araujo y Niembro buscaron trasladar su experiencia televisiva y dejar huella en el terreno de la formación profesional.
Su última incursión
Araujo también participó en transmisiones de torneos internacionales y en coberturas de la Selección Argentina. Su estilo, enfático y pensado para la pantalla, contrastaba con el modelo radial clásico representado por figuras como Víctor Hugo Morales, lo que alimentó debates frecuentes sobre las distintas formas de narrar el fútbol.
En 2009 volvió a tener visibilidad cuando se incorporó al equipo del programa estatal Fútbol para Todos, iniciativa que transmitió gratuitamente los partidos del campeonato argentino durante varios años. Allí retomó, ya con una edad más avanzada al rol de relator principal en distintas transmisiones.
A lo largo de su carrera atravesó momentos de reconocimiento y también controversias, algo habitual en un medio donde las voces quedan asociadas a ciclos políticos, empresas televisivas y modelos de negocio del fútbol.
En sus últimos años participó ocasionalmente en entrevistas y programas especiales sobre historia del deporte y de la televisión deportiva. Su nombre quedó ligado a una etapa en la que el relato televisivo adquirió identidad propia dentro del periodismo deportivo argentino.

