Tras el hito de la Misión Artemis de la NASA, la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) consolida su rol estratégico en el Plan Espacial Nacional. Con el desarrollo de instrumentos clave para el satélite SABIA-Mar, investigadores platenses buscan recuperar la capacidad de recolectar datos ambientales propios, una herramienta vital frente al cambio climático y la gestión de recursos pesqueros.
La Facultad ubicada en 1 y 48 además de mirar hacia las estrellas mira, sobre todo, hacia nuestras costas. Luego de su exitosa participación en el satélite Atenea —que operó en el espacio como parte de la Misión Artemis II de la NASA—, la unidad académica reafirma su liderazgo aeroespacial con un proyecto de fuerte impacto local, el desarrollo de componentes esenciales para el SABIA-Mar, el próximo satélite de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE).
El aporte platense se centra en dos instrumentos críticos, un receptor de datos ambientales y un receptor GNSS de navegación. Juntos, constituyen el sistema de “sentidos” que permitirá al satélite no solo saber dónde está ubicado con precisión, sino recolectar información vital sobre el color del mar, los ecosistemas marinos y el ciclo del carbono en el Atlántico Sur.
El regreso de un sistema estratégico
El corazón de este desarrollo es el receptor satelital de datos ambientales DCS (Data Collection System). Diseñado por los ingenieros Hugo Lorente, Gerardo Sager, José Juárez y Adrián Carlotto, este equipo es una versión evolucionada del que voló en 2011 a bordo del SAC-D/Aquarius.
Desde que aquel satélite dejó de operar en 2015, Argentina perdió su “oreja” en el espacio para escuchar a las estaciones meteorológicas y boyas situadas en lugares remotos. “Es el segundo receptor DCS construido por investigadores de nuestra Facultad que llegará al espacio, algo que nos llena de orgullo”, destacó el decano de la Facultad de Ingeniería, Marcos Actis.
Sin embargo, el orgullo viene acompañado de un reclamo por la continuidad de las políticas científicas. Actis advirtió que, ante la falta de un sistema nacional operativo, el país debe recurrir al sistema pago ARGOS (de EE. UU. y Europa) para obtener datos de sus propias boyas. “Lamentablemente, al no haber una política de Estado, estos desarrollos son desfinanciados e interrumpidos, con lo cual el país va perdiendo competitividad”, sentenció el decano.

Tecnología para un planeta en crisis
El ingeniero Adrián Carlotto, coordinador del Grupo de Investigación y Desarrollo en Comunicaciones Digitales (GrIDComD), explicó que el nuevo receptor tiene una sensibilidad tal que permite comunicarse con transmisores de muy bajo consumo ubicados en glaciares, la Antártida o en medio del océano.
“La estimación de parámetros ambientales a partir de mediciones in-situ es indispensable en tiempos de calentamiento global”, señaló Carlotto. Para los científicos argentinos, contar con datos diarios y de bajo costo será una herramienta disruptiva para el diagnóstico y la toma de decisiones ambientales y pesqueras.
Una genealogía de pioneros
La historia detrás de estos circuitos se remonta a 1990, con el lanzamiento del LUSAT-1, el primer satélite argentino. El profesor Hugo Lorente, fundador del grupo, ha sido el hilo conductor entre aquellas primeras misiones y este presente de alta tecnología.
Para esta misión, el equipo del GrIDComD no solo actualizó el hardware, sino que implementó un nuevo software de vuelo y equipos de soporte terrestre (EGSE) para asegurar que el instrumento soporte las extremas condiciones del espacio.
Con el SABIA-Mar, la UNLP demuestra que la ciencia soberana no es solo una cuestión de prestigio académico, sino una necesidad urgente para proteger los recursos naturales y entender la dinámica de un mar argentino que, gracias a estos ingenieros, pronto volverá a estar bajo vigilancia nacional.

