Después de años de malestar, la monja que se había atrincherado en Punta Querandí con una actitud de “acoso y provocación” hacia la comunidad indígena que habita el predio fue desalojada.
Personal de la empresa constructora Eidico desarmó en las últimas horas la cabaña que utilizaba la religiosa dentro del territorio comunitario ubicado en el límite entre los partidos bonaerenses de Tigre y Escobar.
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En julio, la mujer había sido noticia luego de calificar como “ritual pagano” a una de las ceremonias que se llevan a cabo en el espacio restituido a los pueblos originarios. “Este es un lugar católico, de acá me tiene que sacar la Municipalidad”, decía, según los damnificados.
Incluso la Iglesia se solidarizaba en ese entonces con Punta Querandí a través del Padre Máximo, representante del Monseñor Oscar Vicente Ojea y del Obispado de San Isidro, al aclarar que la religiosa no tenía “ningún encargo pastoral en la Diócesis”.
“La monja fue desalojada porque nunca debería haber estado en ese lugar. Solo estaba ahí para representar una parte de la inmobiliaria”, le explicó a INFOCIELO Santiago Chara, vocero de Punta Querandí. Es que Eidico y la comunidad indígena permanecieron años en disputa por el territorio que finalmente fue cedido a los pueblos originarios.
Desde una cabaña desmontable ubicada en una esquina de la parcela, la monja hacía denuncias policiales y agredía verbalmente a los integrantes de la comunidad, acusándolos de “usurpadores” e “indios truchos”. Todo esto, a pesar del Convenio de Propiedad Comunitaria firmado entre Punta Querandí y el Intendente Julio Zamora en 2020.
“Mientras estuvo en ese lugar, solo estaba para obstruir nuestras actividades, acusando a las hermanas y hermanos de habitar el lugar ilegalmente”, sostuvo el referente en diálogo con este portal, y añadió: “Hasta nos acusó de ladrones”.
El origen del conflicto
La comunidad de Punta Querandí comenzó a gestarse en 2004, luego de que una vecina encontrara restos arqueológicos en las costas del Canal Villanueva. Esto se sumó a la destrucción en el 2000 del cementerio indígena conocido como “sitio Garín” por el country Santa Catalina, a solo cien metros de distancia.
En 2017, el empresario Jorge O’Reilly, director de Eidico, inició un juicio de desalojo argumentando que era titular registral de la parcela 321F. Sin embargo, luego de varios traspiés judiciales, en 2019 cedió sus papeles sobre el lote al Municipio de Tigre, que regularizó la situación con Punta Querandí.
El Convenio de Propiedad Comunitaria del 2020 fue considerado un antecedente histórico para los derechos indígenas en el conurbano bonaerense. Además, la comunidad cosechó reconocimientos del Concejo Deliberante de Tigre (2018), el Consejo Provincial de Asuntos Indígenas (2011), el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (2015) y la Defensoría del Pueblo bonaerense (2016).
La monja tenía su casilla en una franja muy delgada del predio desde el 2017. A pesar de haberse cedido el territorio, permanecía en el lugar con una actitud hostil hacia el grupo.
Qué es Punta Querandí
Según el propio grupo describe, Punta Querandí es un territorio “comunitario, sagrado y educativo” de una hectárea que conserva restos arqueológicos indígenas de mil años de antigüedad. Está ubicado en una zona de enterratorios ancestrales que, denuncian, “está siendo destruida por la construcción de megaemprendimientos de barrios privados”.
Desde hace más de una década, el lugar es protegido por las familias de pueblos originarios que desarrollan allí su espiritualidad a través de talleres de enseñanza abiertos a la sociedad. La comunidad está formada por personas de las culturas guaraní, kolla, qom y otras identidades.
El predio se ubica en el límite de Tigre y Escobar, en el paraje Punta Canal, entre la calle Brasil y la desembocadura del Arroyo Garín en el Canal Villanueva. Está a 50 kilómetros al norte de la Ciudad de Buenos Aires y a unos 7 kilómetros de las islas del Delta, humedales continentales del río Luján.
Su forma de organización es la asamblea comunitaria y algunas de las prácticas milenarias que llevan a cabo son cestería con totora, techos de kapi’i ñarõ, paredes de barro, alfarería con arcilla, elaboración de artesanías con materiales naturales y reciclados, pesca, huerta y vivero.
Además, comparten objetivos de reparación histórica, como la recuperación de los cuerpos humanos excavados por arqueólogos y depositados en instituciones, lejos de su territorio.
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