Paciencia y perseverancia. Su tatuaje lo dice todo. Con esas armas luchó todo este tiempo. Con esa fórmula subió y bajó y volvió a subir. Con esa mentalidad, se mantuvo. Y así comienza Nelson Insfrán el 2026, como dueño del arco indiscutido del Lobo. Un premio a su esfuerzo. A su rendimiento, también, a lo largo de una temporada en la que fue uno de los sostenes más importantes de Gimnasia para mantener la categoría y, luego, para competir por el Clausura. Sí, un giro copernicano que se dio en el sprint final de la competencia y que tuvo al Mono como una de las principales figuras.
No es un arranque de año más para Insfrán. El arquero llega con otro estatus a este enero que recién ha perdido cuatro hojas de su almanaque. Referente, voz con experiencia que terminó con bronca por haber perdido el clásico en semifinales pero íntimamente también con paz por cómo el Lobo cerró el 2025. Al punto, que la actual dirigencia ya le prometió una mejora contractual, acaso para disipar alguna oferta del exterior que está dando vueltas.

Un 2025, figura a pleno
El que pasó fue un año en el que se lució para sostener la valla. En el que incluso cuando tuvo por delante la contratación de Luis Ingolotti, se ganó el puesto con perseverancia y buenas actuaciones. Con penales atajados importantísimos.
¿Alguien puede olvidar ese tiro que le sacó a Miguel Ángel Borja en el último minuto de descuento de la victoria histórica en el Monumental ante River? ¿O el que le desvió a Iván Morales para cuidar el 1-0 ante Sarmiento, rival directo por la permanencia? También tapó otro par, ante Riestra (Jonathan Herrera) y Talleres (Nahuel Bustos) para completar una planilla de cuatro. Todos valiosos en un contexto de sufrimiento.
Y ahora es él, el dueño del arco. Ni Ingolotti, quien emigró. No hay otro por delante de él como ocurrió en 2024, cuando el club apostó por Marcos Ledesma pese a su buena performance. No, Insfrán es el referente bajo los tres postes. Lo avalan sus números. Las 15 vallas invictas en 34 partidos.
Su temperamento para guiar a sus compañeros. La confianza que le ha dado Zaniratto. Todo eso pesa en el Mono, que va por un año más soñando con elevar la vara. Y disfrutar como lo hizo en esa primera postal que Gimnasia subió a Instagram durante el fin de semana.


