Con la llegada de la primavera, el encuentro entre personas y comadrejas se torna un escenario bastante común en algunas localidades de la provincia de Buenos Aires y otras partes del país.
Esto se debe a dos razones. Por un lado, en agosto comienza su época reproductiva. Por otro, se han adaptado a paisajes modificados por los humanos y tienen la capacidad de explotar una amplia gama de recursos y ambientes, incluso en grandes ciudades.
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“En Argentina hay alrededor de 30 especies aproximadamente, que pertenecen a diferentes órdenes, familias y géneros. Son todas muy diversas en sus formas, tamaños, pelajes, preferencias de hábitat y de hábitos alimenticios”, explica la bióloga Mara Urdapilleta acerca de estos animales.
Al ser desconocidas por muchos e incluso confundidas con roedores, sin embargo, han resultado varias veces blanco de agresiones y matanzas. Sin ir más lejos, meses atrás en Misiones, un hombre terminó baleando su propia pierna durante el intento fallido de asesinar una.
“Prima” de los canguros, la comadreja es el único marsupial americano. Esto quiere decir que las crías nacen en un estado muy temprano de su desarrollo y se desplazan hasta la bolsa o marsupio. Este es un pliegue en su vientre que contiene las mamas y donde permanecen prendidas tomando leche hasta que terminan de crecer.
“Son todas silvestres, salvo la overa, que es la especie con la que frecuentemente nos encontramos“, destaca la becaria doctoral del Conicet en diálogo con INFOCIELO. Además, si bien habita una gran variedad de ecorregiones a lo largo y ancho del país (incluidas selvas, montes, campos, pastizales y esteros), “la fragmentación y disrupción de su hábitat condujo a la adaptación a paisajes modificados por los humanos, convirtiéndose en especies sinantrópicas”.
Fuego cruzado en las redes
La aparición de estos marsupiales, conocidos mundialmente como zarigüeyas, desata discusiones verdaderamente acaloradas en las redes sociales. Es que están sus detractores, quienes se quejan de que generan problemas en los campos con otros animales; y aquellos que las defienden, alegando que son indefensas, así como una pieza fundamental para el ecosistema.
En las últimas horas, de hecho, se hizo viral un posteo que enumera las cualidades de las comadrejas e intenta generar conciencia para que no se les haga daño. “Te pido que me dejes en paz, ya que estoy trabajando para quitarte todas las alimañas de tu camino“, reza la publicación, que habla en primera persona.
Esto último tiene que ver con que, dentro de su dieta omnívora, que incluye frutas y semillas, esta especie se alimenta de insectos como cucarachas, garrapatas, caracoles y pequeños roedores.
“Cumplen un rol ecosistémico muy importante como dispersores de semillas y controladores de plagas; por eso es fundamental y necesario que sea conservada”, destaca Urdapilleta.
En el campo, pueden comer huevos y pollitos. En las ciudades, merodear la basura y hacerse del alimentos de animales domésticos. “Por eso se ganan la antipatía de las personas”, explica la especialista, aunque aclara: “Solo están buscando recursos alimenticios”.
¿Qué hacer ante el encuentro con una comadreja?
Según describe la bióloga, la presencia de estos animales en los entornos urbanos trae importantes consecuencias. Por un lado, son atacadas por animales domésticos, atropelladas, cazadas o envenenadas. Y por otro, puede generar implicancias en salud pública por su rol como hospedadores, reservorios de parásitos y amplificadores de patógenos que causan enfermedades humanas.
“Ninguno de estos aspectos justifica que sea cazada o dañada”, explica la investigadora, y resalta: “Es un animal completamente inofensivo, que no ataca, con desplazamientos lentos, y no hay ningún tipo de peligro de enfermedad si no hay contacto directo”.
En este marco, ante la ocurrencia de un encuentro con una comadreja, Urdapilleta recomienda: “Bajo ningún aspecto hay que molestarla, tocarla, correrla o asustarla. Y tampoco hay que dejar que los animales domésticos lo hagan, porque seguramente la van a dañar o producirle un estrés muy grande ya que son muy asustadizas”.
Si aparecen, según la especialista, “lo mejor es observarlas, disfrutarlas desde lejos y dejarlas ir sin causales daño”. Además, existen modos de evitar que se acerquen a los domicilios: sacar la basura en horarios adecuados, evitar dejar residuos en lugares accesibles y tapar agujeros o entradas en las construcciones que puedan oficiar de madrigueras.
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