El regreso de misiones tripuladas al entorno de la Luna dejó de ser una promesa. Hoy, 1 de abril, la NASA abre la ventana de lanzamiento de Artemis II, el vuelo que promete volver a llevar astronautas más allá de la órbita terrestre después de más de medio siglo. En ese escenario aparece ATENEA.
El nanosatélite forma parte de la misión y tiene un desarrollo clave en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Es, además, el único proyecto latinoamericano incluido en este viaje.

El lanzamiento está previsto desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, a bordo del cohete SLS, el más potente desarrollado por la NASA desde la era Apolo.
La misión Artemis II llevará a cuatro astronautas (tres estadounidenses y un canadiense) en un vuelo de aproximadamente diez días que bordeará la Luna sin descender, en lo que será la primera misión tripulada más allá de la órbita baja terrestre desde 1972.
El operativo concentra la atención global por su carga simbólica, y además por su escala, ya que forma parte de un programa internacional que involucra a múltiples agencias espaciales y busca establecer presencia humana sostenida en el entorno lunar en los próximos años.

El aporte platense
El proyecto, coordinado por la CONAE (Comisión Nacional de actividades espaciales) además tiene una participación de la UNLP verdaderamente estructural. Desde la Facultad de Ingeniería se desarrollaron componentes centrales del satélite, incluyendo su arquitectura y sistemas electrónicos.
“El objetivo es probar tecnología desarrollada íntegramente en Argentina, en una órbita bastante particular, con condiciones que no son usuales para satélites chicos como este”, explicó Ramón López La Valle, investigador de la UNLP e integrante del proyecto.

El Centro Tecnológico Aeroespacial y el grupo de Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones participaron en el diseño estructural, la integración de subsistemas y el desarrollo del “cerebro” del satélite.
Para el decano de Ingeniería, Marcos Actis, el significado excede lo técnico: “La participación en este proyecto nos llena de orgullo, ser parte de una misión que significará el retorno de tripulaciones que orbiten la Luna”.

Un satélite chico, un desafío grande
ATENEA es un CubeSat, pero su misión está lejos de ser lateral, porque va a operar en condiciones que Argentina nunca había enfrentado directamente.
Medirá radiación en el espacio profundo, probará sistemas de comunicación a larga distancia y recopilará datos para futuras misiones. Todo eso en una trayectoria que lo llevará mucho más lejos de lo habitual para desarrollos nacionales.
Desde la CONAE también remarcan lo que implica haber llegado hasta acá. Raúl Kulichevsky, director ejecutivo del organismo, lo planteó en estos términos: “Haber sido seleccionados demuestra que nuestras capacidades técnicas y operativas están al más alto nivel internacional”.
Más que un lugar en la misión
Artemis II marca el regreso de vuelos tripulados al entorno lunar después del programa Apolo. En ese marco, la presencia de ATENEA no cambia el rumbo de la misión, pero sí deja una señal profunda.
Es mucho más que simplemente “estar”. Se trata de que tecnología desarrollada en el país funcione en un entorno donde los errores no tienen margen.
“Para nosotros es un hito, porque participar en este tipo de misiones no es algo de todos los días”, resumió López La Valle.
Lo que ocurra después dependerá del desempeño del satélite una vez liberado. Pero incluso antes de eso, el recorrido ya marca algo más profundo, porque demuestra que hay capacidades científicas y tecnológicas locales que lograron meterse en uno de los proyectos más exigentes de la agenda espacial actual.

