Por María Fernanda Potenza Dal Masetto, Oficial de Política Social de UNICEF Argentina y Coordinadora de MUNA
La participación de las y los adolescentes, reconocida en la Convención sobre los Derechos del Niño, es un derecho fundamental y una condición indispensable para garantizar otros derechos. Escuchar sus voces, habilitar espacios de incidencia y reconocerlos como actores clave en sus territorios no solo fortalece las democracias locales: también permite construir respuestas más sostenibles frente a los desafíos actuales. Para ellas y ellos, el cuidado del ambiente ocupa un lugar central.
Las problemáticas ambientales impactan directamente en la vida cotidiana de niñas, niños y adolescentes. No se trata solo de un tema a futuro: encuestas realizadas por UNICEF (2023) a adolescentes y jóvenes de diez países arrojan que más del 45% manifiesta que la preocupación por el ambiente afecta negativamente su vida diaria y su capacidad de funcionar con normalidad. Este dato muestra una preocupación extendida entre adolescentes y jóvenes, que viven estos temas de manera cercana.
Por eso, cuando las y los adolescentes participan activamente en proyectos ambientales se fortalecen sus derechos a vivir en un ambiente sano y a participar en las decisiones que los afectan. UNICEF, a través de la iniciativa Municipio Unido por la Niñez y la Adolescencia (MUNA), acompaña a gobiernos locales para integrar la participación de adolescentes en distintas políticas públicas, incluida la agenda ambiental. El enfoque de MUNA promueve acciones construidas de manera participativa, con protagonismo juvenil y articulación entre áreas municipales, escuelas y organizaciones comunitarias.

En distintos municipios del país, este enfoque se tradujo en experiencias concretas. En el barrio Tranquila, en Dock Sud, Avellaneda, Provincia de Buenos Aires, un grupo de entre 20 y 25 adolescentes del Programa Envión trabajó en la mejora de la gestión interna de residuos del barrio: mapearon puntos críticos, realizaron talleres con equipos municipales, visitaron el Ecopunto local y promovieron jornadas comunitarias de limpieza y separación de residuos.
En Justiniano Posse, Córdoba, los centros de estudiantes diseñaron una encuesta casa por casa para conocer los hábitos de reciclado, que mostró que solo la mitad de los hogares separa sus residuos. A partir de ese diagnóstico y luego de visitar la planta de tratamiento, definieron como meta incrementar la separación mediante campañas de comunicación lideradas por adolescentes.
En Cosquín, Córdoba, las acciones ambientales se organizaron a partir de las prioridades definidas por el Parlamento Juvenil y, a partir de ellas, las y los jóvenes realizaron campañas de sensibilización, formación de promotores ambientales y acciones comunicacionales, como una radio abierta dirigida a la comunidad.
Estas experiencias muestran que, cuando se habilita una participación real, las chicas y los chicos asumen un rol protagónico en la construcción de soluciones colectivas. Integrar participación adolescente y cuidado del ambiente mejora las políticas públicas, fortalece la ciudadanía, el compromiso comunitario y la garantía de derechos en cada territorio.

