El 24 de abril de 1915 marca una de las fechas más dolorosas en la historia de la humanidad: el inicio del genocidio armenio a manos del Imperio Otomano.
Hoy, al cumplirse 110 años de aquel crimen sistemático que intentó borrar del mapa a todo un pueblo, la memoria resiste. Y lo hace no sólo en los libros de historia o en los actos oficiales, sino también en los rincones más inesperados: como en un viejo video hallado en los archivos de Canal 9, perteneciente al programa Feliz Domingo, conducido por Silvio Soldán, en una emisión de 1990 que, en plena efervescencia televisiva juvenil, le abrió un espacio al homenaje y a la historia.
ASÍ ERAN LOS JÓVENES HACE 35 AÑOS
Ese segmento, redescubierto por el Archivo Telearte y difundido en esta fecha por redes sociales, muestra a un grupo de jóvenes descendientes de armenios participando en la prenda “Yo sé”, donde, frente a cámaras y compañeros, decidieron usar su voz para recordar a sus abuelos y bisabuelos, sobrevivientes de una de las mayores atrocidades del siglo XX.
Corría el año 1990 y se conmemoraban 75 años del genocidio. Ellos, adolescentes de entonces, emocionados, firmes, narraban con orgullo y dolor la historia que los marcaba, aunque el mundo aún le diera la espalda. Eran alumnas y alumnos del Colegio Jrimian de Valentín Alsina, del distrito bonaerense de Lanús interpretando una danza típica.
EL GENOCIDIO OLVIDADO
Entre 1915 y 1923, se estima que entre un millón y medio y dos millones de armenios fueron deportados, masacrados y despojados por el régimen del Comité de Unión y Progreso.
Las víctimas no sólo fueron asesinadas con una brutalidad indescriptible, sino que fueron obligadas a marchas forzadas por desiertos sin agua ni comida. Mujeres violadas, niños separados de sus padres, ancianos ejecutados por no poder seguir el paso. La intención del Estado otomano no era otra que la eliminación total del pueblo armenio de sus territorios ancestrales.
El genocidio armenio fue también un crimen del silencio. Durante décadas, y todavía hoy, la negación por parte del Estado turco persiste.
A pesar del reconocimiento de numerosos países y organismos internacionales, Turquía no acepta que se trató de un genocidio, alegando razones de conflicto bélico y caos generalizado por la Primera Guerra Mundial.
Sin embargo, historiadores de todo el mundo, incluyendo algunos turcos, coinciden en que los hechos se ajustan a la definición jurídica moderna de genocidio.
LA MEMORIA EN NUESTRO PAÍS
En Argentina, hogar de una de las comunidades armenias más grandes fuera de Armenia, esa historia encontró cobijo.
Sobrevivientes llegaron con lo puesto, buscando reconstruir su vida lejos del horror. Se afincaron, trabajaron, criaron hijos y nietos, sin olvidar jamás lo vivido. Esa memoria transmitida de generación en generación fue la que, 75 años después, en pleno programa de juegos de la televisión nacional, emergió con fuerza. Esos chicos, en 1990, no solo sabían de historia: sabían quiénes eran, de dónde venían, y qué les habían hecho a sus abuelos.
Hoy, a 110 años del inicio del genocidio armenio, ese video recuperado se vuelve un testimonio invaluable. No solo por lo que recuerda, sino por lo que demuestra: que la memoria no muere, que se transmite, que se celebra y se defiende. Que incluso entre concursos y aplausos, entre mochilas y estudiantinas, hay lugar para decir: “Nosotros no olvidamos”.
El archivo, con tres décadas y media de antigüedad, reaparece como un faro entre tanta desmemoria global. Es prueba de que en la Argentina, aun en los ámbitos menos solemnes, se sostuvo una lucha simbólica contra el olvido. Y que esos jóvenes de 1990, hijos y nietos de sobrevivientes, fueron y son parte esencial de la resistencia cultural frente a un crimen que intentó desaparecerlos. No lo logró. Porque cada 24 de abril, la voz armenia se levanta más fuerte.

