Pasan las horas y los días, pero la sensación sigue siendo la misma. El mundo de la música en general y el del fútbol en particular se encuentran de luto. La pérdida del Indio Solari de este plano no deja de doler y las muestras de cariño para con el ícono popular se multiplican en los barrios, en los escenarios y en cada charla en la que su obra asome. Fue alguien que, como pocos, logró vincular dos pasiones argentinas tan únicas como la música y la pelota, lo que se deja en evidencia fin de semana a fin de semana.
Y dentro de los amores particulares que tuvo el líder de Los Redondos para con los diferentes clubes, lo suyo con Gimnasia fue especial. Desde elegirlo como su club de La Plata, a su vínculo directo con el Negro José Luis, jefe de la hinchada del Mens Sana durante dos décadas, a quien Solari convirtió y eternizó como La Bestia Pop. Y en el último tiempo, con la llegada del Diego Maradona al Tripero y aquel cálido mensaje. Cuestiones que profundizaron aún más una relación que va más allá de la vida. Quedó demostrado.

Tal es así que dentro de las miles de banderas que se vieron durante el último fin de semana en la despedida al cantante y compositor, las del Lobo ocuparon un lugar especial, dejando a su vez una marca indeleble. Algunas con sus frases, otras con la cara del Diego, el escudo o los colores. Pero todas respetando un mismo patrón: el amor incondicional para quien marcó varias generaciones, incluso en las previas a los partidos de cada domingo. Parte de un ritual familiar y de una herencia que va más allá de lo sanguíneo.

Así, el Lobo dijo presente en la despedida física y en la consecuente creación del mito. Fiel a su estilo, con su impronta, sus trapos y las frases del protagonista en cuestión que musicalizaron un fin de semana tan triste como emotivo. Gimnasia y su gente le brindaron el último abrazo a quien tan bien los interpeló. Quedó demostrado ya en el Polideportivo Municipal José María Gatica, en Parque Domínico. Y seguramente se extenderá en su momento al Bosque.



