La ciudad todavía respira el eco de una despedida que desbordó cualquier previsión, con un velorio público que llevó a la movilización de más de un millón de personas el país despidió al Indio Solari . En el programa “Palabras más, palabras menos” de LA CIELO FM 103.5 se lo recordó con un análisis de su vida y el impacto de su música en la sociedad que hoy lo llora.
En palabras del historiador y periodista Sergio Pujol, es “un fenómeno que trascendió la música pero partió de la música”. Para entender la magnitud de lo que representa Carlos Alberto “El Indio” Solari, es necesario despojarlo de la etiqueta de simple músico y observar el “hecho cultural y artístico de enorme potencia” que ha liderado durante décadas.
De los sótanos al conurbano
La historia de los Redondos es la historia de una transmutación social. Nacida en los márgenes del “under” platense, la banda comenzó en un entorno de “teatro un poco absurdo y experimental”, donde se repartían buñuelos de ricota en un ambiente de happening. Sin embargo, a fines de los 80 y principios de los 90, se produjo una migración estética y social sin precedentes en el rock argentino.
Pujol señala que, mientras habitualmente se vincula al rock con la clase media, con el Indio “el rock llega también a los sectores populares, a la juventud del conurbano bonaerense”. En un contexto marcado por el menemismo, la desocupación y la “orfandad de referencias políticas”, la figura de Solari se volvió inalienable de la realidad nacional.
Ídolo, no estrella
Una de las distinciones fundamentales para comprender este vínculo es la diferencia entre la industria y la autenticidad. “El Indio fue un ídolo popular pero no fue una estrella”, define Pujol, argumentando que las estrellas son construcciones de la industria cultural y los medios. A diferencia de otros grandes como Charly García, cuya conexión es primordialmente estética, con el Indio se genera una “idolatría popular” de tipo emocional y política.
Esta posición se mantuvo gracias a una estrategia contracultural inamovible. Mientras otros artistas adaptaron su estilo para alcanzar mercados más amplios, Solari mantuvo su esencia: “Es el público el que va al Indio y no el Indio en busca de su público”. Utilizando una metáfora del periodista Mariano del Mazo, Pujol recuerda que, a diferencia de Sandro que prefirió San Remo, “el Indio nunca se movió de Woodstock”.
La lírica como manual de uso
Las letras de Solari, a menudo tildadas de crípticas, funcionan en realidad como herramientas de identidad para sus seguidores. Son “poesías sin duda” que, aunque complejas y poco realistas, desprenden versos que actúan como “esquirlas poéticas de las cuales la gente se prende para expresarse”.
Para miles de argentinos, estas canciones no son solo música, sino un “manual de uso” o aforismos que permiten dar cuenta de la realidad circundante. Como ha sucedido históricamente con el tango o con figuras como Gardel y Gilda, el público se apropia de la obra, “las canciones le dieron voz a la gente”.

Presos de la masividad
El fenómeno alcanzó tal magnitud que terminó por condicionar la propia existencia de la banda y del artista. Lo que empezó como una estrategia casi clandestina en plena dictadura militar, terminó en una “encerrona” provocada por su propio éxito.
El recital, que era “la sal y pimienta de los Redondos”, se volvió un evento desbordante e imposible de gestionar en centros urbanos tradicionales. En este sentido, Pujol concluye con una frase que resume la paradoja del ídolo: los Redondos “pasaron de ser presos en mi ciudad a presos un poco presos también de su masividad”.
Hoy, el rock de Solari sigue demostrando una “vigencia de la cultura rock” que muchos daban por muerta, manteniendo un “vínculo pasional muy intenso, casi religioso” con un sector de la juventud que todavía encuentra en sus versos un refugio contra la intemperie

