La partida de Carlos Alberto “El Indio” Solari provocó una movilización popular espontánea que desbordó plazas en Buenos Aires, La Plata, Mar del Plata, y otras muchas ciudades argentinas. Desprevenidos, prejuiciosos y visiblemente incómodos, los canales de televisión, incluso los alineados con el relato oficialista, tuvieron que transmitir en vivo un fervor que creían sepultado bajo toneladas de cancelación mediática. El histórico offside de Laura Di Marco en LN+ apareció como una síntesis perfecta de una brecha cultural y social que quedó expuesta frente a millones de espectadores.
No estaba en los manuales de estilo de las corporaciones mediáticas ni en las planillas de Excel de los analistas de opinión pública. El fallecimiento del Indio Solari desató un sismo social de características estrictamente espontáneas que obligó a los medios de comunicación masivos (particularmente a las señales de noticias más afines al gobierno de Javier Milei) a salir corriendo detrás de una marea humana que les resulta tan indescifrable como ajena.
Hacía falta remontarse a la dolorosa orfandad colectiva que generó la muerte de Diego Armando Maradona para encontrar escenas similares: miles de personas ocupando el espacio público sin micros de organizaciones, sin estructuras partidarias y sin convocatorias formales.
La Plaza de Mayo se llenó de banderas, lágrimas y remeras negras. La misma postal se replicó en las plazas céntricas de La Plata, en los paseos costeros de Mar del Plata y en distintos puntos neurálgicos del país. Las calles se poblaron de trabajadores, estudiantes, vecinos y familias enteras atravesando un duelo compartido.
La falacia de la cancelación y el pánico al micrófono abierto
Durante años, buena parte del establishment comunicacional construyó una narrativa orientada a minimizar la influencia de la mayor leyenda del rock argentino. Creyeron que la estigmatización política derivada de las posiciones públicas del músico y el persistente señalamiento mediático posterior al recital de Olavarría de 2017 habían erosionado el vínculo entre el artista y su público.
“Pensaron que el silencio de los medios era el olvido de la gente. Craso error. El Indio Solari operaba en una frecuencia subterránea que la pauta oficial y el algoritmo de las redes tradicionales jamás pudieron captar: la memoria afectiva y cultural de un pueblo”.
Con las grillas alteradas porque la noticia del día monopolizaba la atención pública y con la presión del rating exigiendo móviles permanentes, la televisión se vio obligada a abrir espacios para escuchar a sectores sociales que habitualmente aparecen caricaturizados o directamente invisibilizados. Cronistas acostumbrados a la cobertura de la rosca política desembarcaron en un territorio cargado de símbolos, códigos y pertenencias que no siempre comprendían.
El papelón conceptual de LN+ y Laura Di Marco
Uno de los episodios más representativos de esa incomodidad se produjo durante una transmisión de LN+. En las inmediaciones del Congreso, una cronista entrevistó a Laura, una fan ricotera que compartía el dolor colectivo mientras participaba de la concentración.
La entrevistada cuestionó el operativo policial desplegado en la zona y criticó la gestión del gobierno nacional. Desde el estudio intervino Laura Di Marco, quien intentó redireccionar la conversación hacia un terreno menos incómodo. La conductora preguntó dónde debería haberse realizado el velatorio para el artista y sugirió que quizás el lugar adecuado habría sido La Plata (y equivocadamente deslizó “su lugar de nacimiento”, el Indio era entrerriano con pertenencia platense en sus años juveniles).
La respuesta fue inmediata. La entrevistada explicó que el estadio platense se encontraba en refacción y, frente a una nueva insistencia de la periodista para que definiera cuál habría sido el lugar correcto porque era “la ricotera”, respondió con una frase que cuestionó a la entrevistadora.
“Yo soy parte de la cultura popular, que creo que vos también lo debés ser, espero, ojalá que sí… Me parece una pregunta totalmente absurda”.
Análisis de un naufragio discursivo
El intercambio dejó al descubierto las limitaciones de ciertos formatos televisivos cuando se enfrentan a fenómenos sociales genuinos y difíciles de encasillar. Sin libreto ni lugares comunes disponibles, la conversación tomó una dirección inesperada para el estudio.
Ante una réplica que cuestionaba el enfoque de la entrevista, la conductora cerró abruptamente el diálogo y ordenó continuar con otros testimonios. La secuencia dejó la sensación de una desconexión evidente entre quienes intentaban interpretar el fenómeno desde el estudio y quienes lo estaban protagonizando en la calle.
Ineptos, inconsistentes y asustados
Lo ocurrido con Di Marco puede interpretarse como algo más profundo que un simple traspié televisivo. Descubre una matriz de representación que suele abordar los fenómenos masivos con distancia, sospecha o incomprensión.
Muchos de esos medios parecen incapaces de decodificar las lógicas de la cultura popular cuando estas no encajan en las categorías tradicionales de la grieta política o el mercado.
Para esos espacios mediáticos, la cultura popular suele aparecer como una curiosidad exótica o un objeto de estudio. Por eso, ver a miles de personas reivindicando una identidad colectiva construida durante décadas alrededor de la obra del Indio Solari generó una incomodidad difícil de ocultar.
Tuvieron que admitir la vigencia de un creador cuya influencia creían disminuida y, al mismo tiempo, escuchar cómo las voces de la calle desarmaban algunos de sus prejuicios en tiempo real.
El Indio Solari se despidió provocando exactamente lo que hizo durante gran parte de su carrera: un fenómeno imposible de controlar, imposible de domesticar y, sobre todo, imposible de ignorar.
Las plazas repletas, los homenajes espontáneos y la conmoción popular terminaron exhibiendo la solidez de una mitología que sigue intacta y la fragilidad de quienes todavía intentan explicar la Argentina sin comprender las expresiones culturales que la atraviesan. Divina TV Fürher.

