En los estudios de LA CIELO, entre anécdotas de giras y el sonido de una guitarra rescatada de la calle, el mestro Hugo Figueras se define a sí mismo con una sencillez que oculta décadas de trayectoria. Aunque su nombre es sinónimo de música infantil en la región, su llegada al género fue un giro del destino. “Yo empecé casi por accidente con la docencia, más que accidentalmente por necesidad económica, digamos, pero me encantó”, confiesa sobre sus inicios en 1995 en un jardín maternal. Desde aquel entonces, su brújula ha sido clara, “lo mío va por la docencia, la música infantil es una gran parte de mi tarea musical, pero lo que yo hago más que nada es la docencia”.
La metáfora como refugio
Sentado frente al micrófono, Figueras evoca la figura de María Elena Walsh como su norte artístico. De ella intenta rescatar “la capacidad en la metáfora” y la búsqueda de que una obra “tenga varios posibles lecturas, varios significados, que sea polisémica”. Esta profundidad es la que le permite conectar con públicos de todas las edades, logrando “que los más chiquititos no se asusten y los grandes no se aburran” durante sus presentaciones.
Su método no se limita a la melodía; es una lección de diversidad sonora. En sus shows, Figueras despliega un arsenal que incluye el chelo, el acordeón y el cuatro venezolano. “Muestro instrumentos que me gustan a mí también”, explica, subrayando su intención pedagógica, “me interesa dejar algo que no sea solamente ‘uy, bailamos, movimos la cabeza, las manos’ y queda en eso solamente”.
La rebelión del “hacer” frente a la pantalla
Uno de los puntos más críticos de la charla surge al analizar el consumo actual de contenidos infantiles, marcado por estímulos constantes y pantallas adictivas. Figueras se muestra escéptico ante la inmediatez del scroll y la inteligencia artificial. “Se va perdiendo este placer por hacer las cosas uno mismo”, advierte con preocupación.
Para el músico, la técnica no lo es todo; el valor reside en el proceso creativo. “Yo toco la guitarra y no toco como Paco de Lucía… pero a mí me da mucho placer a mí tocar la guitarra”, reflexiona, añadiendo que “el placer en hacer una canción, en decir, encontrar las palabras que uno quiere para expresar una idea, eso es intransferible”. Frente a herramientas como el Chat GPT, Figueras reivindica la experiencia colectiva y comunitaria que solo el arte vivo puede ofrecer.
Una agenda en movimiento
El compromiso de Figueras con su oficio se traduce en una actividad frenética. Además de sus presentaciones en Casa Metro y el Planetario de La Plata —lugar que describe como “fascinante un viaje espacial donde se nos quedan los meteoritos y casi que nos aplastan”—, el músico se prepara para el lanzamiento de su libro “Melisa y las estaciones”.
Este nuevo proyecto, realizado con asesoramiento de científicos del Planetario, es un “libro multijuego asociado a una aplicación educativa no adictiva” que busca explicar fenómenos naturales a través del arte. “Es una excusa para también explicar científicamente cómo es lo de las estaciones, que la Tierra está inclinada en su eje”, detalla entusiasmado.
Hugo Figueras se despide con una invitación a la experiencia compartida, ya sea en un anfiteatro o en un aula, recordando que en su mundo, el público no es solo espectador, “son un actor más” de esa construcción colectiva que llama música.

