Más de 400 millones de toneladas de plástico son producidas en todo el mundo, y apenas un 10 por ciento logra ser reciclado. El resto queda sepultado en basurales, deriva en los océanos o se fragmenta en microplásticos, tardando entre un siglo y medio milenio en descomponerse. Ante este panorama crítico, la respuesta vino de las mesadas y equipos del laboratorio universitario argentino.
En la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), un equipo de científicas e investigadoras del CONICET logró desarrollar un bioplástico biodegradable a base de almidón de mandioca y yerba mate. La innovación no solo ataca de frente el problema de la contaminación, sino que promete integrarse al mercado en tiempos récord, mientras un film convencional demora entre 100 y 500 años en descomponerse, este desarrollo se degrada completamente en tierra en apenas cinco semanas.
Ciencia argentina con impacto global
El proyecto nació y cobró forma en el Laboratorio de Polímeros y Materiales Compuestos de la UBA, liderado por la investigadora del CONICET Lucía Famá. En ese espacio de trabajo, un grupo de estudiantes y becarias llevó adelante diversas líneas de investigación orientadas a la búsqueda de materiales sustentables. “Esto, que parece plástico, no lo es. Lo desarrollamos en la UBA a partir del almidón de mandioca”, explicó Famá al dar a conocer los avances del desarrollo.
El foco principal de este nuevo material está puesto en la industria del envasado de alimentos, una de las mayores generadoras de desechos plásticos de un solo uso a nivel global. La propuesta no busca sustituir por completo la cadena plástica existente, sino integrarse a ella para reducir gradualmente la huella ambiental.
Natalia Hermoso, tesista de Ciencias Físicas e integrante del equipo, puntualizó el espíritu del proyecto, “este desarrollo se usa para reemplazar parte del plástico y así poder usar fécula de mandioca y yerba mate para darle valor agregado a productos nacionales”.
El proceso: de la raíz al termoformado
Para convertir insumos agrícolas en un film flexible y resistente, el equipo combinó la química sustentable con procesos industriales que ya utiliza la industria plástica. En términos sencillos, el almidón vegetal procesado toma primero la forma de finos fideos plásticos termoplásticos que, sometidos a presión y calor en la prensa, se transforman en láminas transparentes ideales para envolver alimentos. Este método de elaboración permite que las industrias actuales puedan adaptar su maquinaria existente sin necesidad de reconvertir por completo sus instalaciones.
Una oportunidad de oro para las economías regionales
El beneficio ecológico es enorme, sin embargo, la innovación abre una ventana de oportunidad clave para el desarrollo económico del norte argentino. La mandioca y la yerba mate son cultivos estratégicos en provincias como Misiones, Corrientes y Formosa, donde miles de familias y pequeños productores dependen de su comercialización.
Hasta ahora, la fécula de mandioca y la yerba mate han tenido como destino casi exclusivo el consumo alimentario. La posibilidad de insertar ambas materias primas como insumos industriales con alto valor agregado supone una demanda adicional capaz de dinamizar a sectores productivos regionales que frecuentemente enfrentan problemas de rentabilidad.
En un mundo castigado por los excesos del consumo y la acumulación de desechos, la ciencia pública argentina demuestra una vez más que la salida a las grandes crisis globales puede estar guardada en la tierra y en el conocimiento local.

