El vocero presidencial, Adrián Ravier, encendió una señal de alerta sobre el futuro del tipo de cambio. En diálogo con el streaming oficialista Carajo, admitió que el dólar podría ubicarse entre $1.700 y $1.800 “para dentro de unos meses”, una proyección que implicaría una suba de entre $200 y $300 respecto de los $1.510 en que cotiza hoy la divisa en el Banco Nación.
El funcionario intentó bajarle el tono al anuncio y descartó una devaluación brusca, pero sus propias palabras dejaron flotando la incertidumbre en un momento sensible para las reservas del Banco Central.
Un “timing” que no es casual
Las declaraciones del vocero no aparecen ni por si solas “ni de la nada”. Se dan apenas 48 horas después de que el ministro de Economía, Luis Caputo, presentara el proyecto de “Inocencia Fiscal II”, una nueva flexibilización del blanqueo de capitales para incentivar a los argentinos a sacar sus dólares del colchón sin dar explicaciones sobre su origen ni sufrir sanciones.
“Tener los dólares bajo el colchón es un muy mal negocio”, lanzó Caputo al presentar la iniciativa, que será el cuarto blanqueo del Gobierno de Javier Milei.
La secuencia genera más de una lectura crítica en el mercado: mientras el vocero presidencial reconoce que el billete verde puede recalentarse en los próximos meses, el ministro de Economía redobla los estímulos para captar divisas no declaradas.
La lectura que circula puede resumirse en que mientras el Gobierno necesita reforzar sus fuentes de dólares justo cuando se agota el ingreso genuino que aportó la liquidación de la cosecha gruesa (el principal sostén de las reservas durante el primer semestre), el vocero presidencial busca generar un clásico “esto ya se sabía” o, “todos lo habían anunciado”, cuando en definitiva se termine dando a corto o mediano plazo.
El fantasma de las reservas
Ravier defendió que el Banco Central “sigue comprando reservas” y que la Argentina mantiene superávit de cuenta corriente, factores que a su criterio despejan cualquier temor a un atraso cambiario severo.
Sin embargo, el propio esquema oficial reconoce que el segundo semestre es estructuralmente más débil en materia de ingreso de divisas, una vez que el campo liquidó buena parte de su cosecha entre marzo y julio. Sin ese caudal de dólares genuinos, la city especula con un “crawling peg” (deslizamiento cambiario administrado, con ajustes graduales y programados del tipo de cambio) más pronunciado y con futuros en Rofex que ya descuentan una devaluación superior al 30% anualizado para lo que resta del año.
En ese contexto, la insistencia del equipo económico en flexibilizar el blanqueo (el cuarto desde que asumió Milei) puede leerse menos como una medida de “remonetización” virtuosa y más como un intento de tapar, con dólares no declarados, el agujero que deja la salida de la temporada fuerte de exportaciones.
La propia city advierte que el escenario optimista para sostener la actual política cambiaria depende, justamente, de que ingresen dólares adicionales por el blanqueo si la cosecha no alcanza.
Un mensaje que genera ruido
Aunque Ravier insistió en que “la estabilidad cambiaria está muy clara” y que no habrá impacto significativo en el bolsillo de los argentinos, el solo hecho de poner un número concreto sobre la mesa ($1700 o $1800) alimentó la incertidumbre entre analistas y ahorristas, en un año próximo, además, marcado por la sensibilidad electoral del dólar.
El propio vocero reconoció riesgos externos, como una suba del petróleo o una mala cosecha por sequía, que podrían empujar aún más el escenario que el Gobierno intenta desdramatizar.

