La crisis del alquiler en la Argentina se profundiza y golpea con mayor fuerza a los hogares del Gran Buenos Aires, donde una porción cada vez más grande del salario se destina exclusivamente a pagar el techo. Según la última Encuesta Nacional Inquilina elaborada por Inquilinos Agrupados, uno de cada cuatro inquilinos destina entre el 60 y el 100% de su ingreso mensual al alquiler, una situación que empuja al endeudamiento, al multiempleo y, en los casos más extremos, al desalojo económico.
El relevamiento expone con crudeza el deterioro de las condiciones de vida de quienes alquilan. Mientras un 25% logra destinar alrededor del 30% de sus ingresos al pago del alquiler, otro 25% debe resignar prácticamente la totalidad de su salario para cumplir con ese gasto fijo. Como consecuencia directa de este escenario, uno de cada seis hogares inquilinos sufrió un desalojo económico, es decir, tuvo que mudarse por no poder sostener el valor del alquiler.
Desde Inquilinos Agrupados señalan que este fenómeno no es casual. “La flexibilización de las condiciones mediante el Decreto 70/23, que terminó con la Ley de Alquileres, profundizó la crisis habitacional y económica en los hogares inquilinos”, afirmó Gervasio Muñoz, referente de la organización. En esa línea, explicó que el objetivo de los cambios normativos fue “que la transferencia de ingresos de los inquilinos hacia los dueños de las viviendas sea mucho más grande de lo que era”.
El impacto se siente con especial intensidad en el Gran Buenos Aires, donde los alquileres registraron en 2025 aumentos muy por encima de la inflación. De acuerdo con el informe elaborado por la Universidad de San Andrés y Mercado Libre, las casas en alquiler tuvieron subas interanuales de hasta el 63,1% en el GBA Sur y del 50,1% en el GBA Norte. En el caso de los departamentos, los incrementos oscilaron entre el 35 y el 40 por ciento en todo el AMBA, consolidando al alquiler como el segmento inmobiliario con mayores aumentos.
Cuando el sueldo no alcanza para el techo
Este encarecimiento contrasta con un mercado de compraventa mucho más estable, lo que refuerza la idea de que el ajuste se trasladó casi exclusivamente a quienes alquilan. Mientras los precios de las casas en venta se mantuvieron prácticamente sin variaciones a nivel AMBA, el valor del alquiler siguió escalando y absorbiendo una porción creciente de los ingresos familiares.
El informe de Inquilinos Agrupados también detalla el deterioro de las condiciones contractuales. El 64% de los contratos tiene una duración de dos años y el 65% enfrenta aumentos cada tres o cuatro meses, mayormente atados al índice de inflación. Además, un 7% alquila sin contrato escrito, una situación que incrementa la vulnerabilidad de los inquilinos.
Para poder sostener el alquiler, el endeudamiento se volvió una constante. El 68% de los inquilinos tiene deudas, principalmente con tarjetas de crédito, y más de tres cuartos de esos pasivos están vinculados directa o indirectamente al pago del alquiler. A esto se suma el recorte en gastos básicos: seis de cada diez hogares redujeron el consumo de alimentos y más de la mitad recortó gastos en salud.
El multiempleo aparece como otra respuesta forzada a la pérdida del poder adquisitivo. El 46% de los inquilinos tiene más de un trabajo y la inestabilidad laboral va en aumento: el 15% perdió su empleo en los últimos meses y el 28% tuvo que sumar otro puesto para subsistir.
El deterioro llega incluso a la seguridad alimentaria. Solo el 38,5% de los inquilinos puede realizar las cuatro comidas diarias, mientras que un 23% apenas alcanza a hacer dos y un 4,5% una sola. Un dato que sintetiza la gravedad del escenario: para una porción creciente de bonaerenses, pagar el alquiler implica resignar lo más básico.

