Se cumplen 45 años del fallecimiento de Ricardo Balbín, una de las figuras centrales de la política argentina del siglo XX y símbolo indiscutido de la Unión Cívica Radical. Candidato a presidente en cuatro oportunidades, férreo opositor, perseguido y encarcelado, su figura trascendió las fronteras partidarias para convertirse en un pilar de la recuperación democrática y el diálogo nacional.
En el programa Parecemos Buenos Amigos, su nieto y actual diputado provincial bonaerense, Emiliano Balbín, ofreció una mirada entrañable y poco conocida del caudillo radical: la del abuelo cercano que, entre los momentos más tumultuosos de la historia del país, se hacía un tiempo para la familia.
Para Emiliano, que hoy tiene 52 años, el recuerdo de Ricardo Balbín está ligado a la calidez del hogar y a la infancia compartida a 600 kilómetros de La Plata, en la localidad de Salliqueló.
“Fue un gran abuelo. Tengo la imagen de ese abuelo que, en el medio de dificultades tanto en la última etapa de Perón como después en la dictadura, tenía tiempo para ocuparse de nosotros”, rememoró. Las visitas a la capital bonaerense eran una revolución familiar: “Nosotros veníamos de Salliqueló, que éramos medio indios, le copábamos la casa y le rompíamos todas las plantas a la abuela. Pero era un abuelo presente, muy cercano, que alguna vez nos preparaba una leche o una tortilla”.
Las persecuciones, la cárcel y la resiliencia radical
El repaso de la vida de Balbín demuestra que su trayectoria estuvo marcada por la adversidad constante desde su juventud. Huérfano de madre y criado por una institutriz, debió abandonar la carrera de Medicina por problemas económicos para emplearse en la biblioteca de la Legislatura bonaerense. Más tarde, mientras estudiaba Derecho en La Plata, fue expulsado de la facultad por enfrentarse al decano, aunque logró reincorporarse y graduarse.
Ese carácter forjado en la dificultad se profundizó con los años de prisión durante el gobierno peronista y los constantes escollos políticos. “Lo que más admiro de Balbín es cómo, pese a todo ese derrotero, siempre tuvo claro cuál era el objetivo final”, destacó su nieto.
En un contexto histórico marcado por la proscripción y la violencia política, Ricardo Balbín impulsó incansablemente los espacios de concertación democrática, siendo actor clave de experiencias como La Hora del Pueblo, la Asamblea de la Civilidad y la Multipartidaria.
Sin embargo, el hito que selló su pensamiento fue el histórico abrazo y la despedida a Juan Domingo Perón. “Ese mensaje de unidad que da con Perón al final, en el abrazo y en la despedida, refleja su coherencia. Él decía que no se realizará el país si no es sobre la base de los argentinos”, remarcó Emiliano Balbín, subrayando que para su abuelo la democracia era “el sistema ideal y el mejor que tenemos”, con la unión nacional como faro ineludible.
La herencia de la familia Balbín no solo se plasmó en la política, sino también en las pasiones deportivas. Emiliano recordó con orgullo la tradición de ser radical y de Gimnasia y Esgrima La Plata, una identidad singular para quienes crecieron en el interior bonaerense. “En el interior sos de River o de Boca; ser tripero allá era duro”, relató.
La vocación de servicio tuvo su continuidad directa cuando su padre asumió como intendente de Salliqueló entre 1983 y 1986, aplicando a escala municipal las enseñanzas del histórico líder radical. Tras el temprano fallecimiento de su padre en 1986, fue su madre quien terminó de definir el rumbo de su carrera política.
“Yo estoy donde estoy gracias a mi vieja, que dijo que las luchas no se abandonan. Pese a que papá se había muerto, volvimos al comité de Salliqueló y seguimos haciendo política”, concluyó el legislador, ratificando la vigencia de una estirpe comprometida con la vida democrática de la provincia de Buenos Aires.

