La centralidad política de Cristina Kirchner no está siempre enraizada en sus propias acciones, los medios corporativos la suben a ese pedestal hasta por omisión o ausencia. Este es el caso de la editorial que el histórico diario La Nación, a través de uno de sus principales columnistas como es Carlos Pagni, deja interpretar acerca del infierno dantesco en que se convirtió Juntos por el Cambio, el principal espacio opositor que aglutina al PRO, el radicalismo, la Coalición Cívica, y ahora también a la posición libertaria de Espert, y con la posibilidad de sumar al peronismo cordobés de Juan Schiaretti.
¿Cómo es posible llegar a la interpretación de que la líder más carismática de la alianza oficialista, la Vicepresidenta Cristina Kirchner, sea la autora del pandemonium en que se erigió el partido fundado por Mauricio Macri y sus adláteres?.
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La respuesta no es de sencilla explicación.
DESPOLARIZACIÓN (?)
Primero hay que desmembrar esa elucubración de Pagni, intentando no caer en la seducción que provoca señalar como ‘obsesivos compulsivos‘ a quienes ven en Cristina Kirchner a la diseñadora y autora de todos los males de la Argentina (y quizás del mundo entero).
Esa ruta sería el atajo fácil y obvio. Por eso es necesario un esfuerzo intelectual mayor para sumergirse en la lógica que aplican estos medios para señalar a la ex presidenta como la suma de todos los males, los propios y los ajenos.
Lo primero que subraya el analista de La Nación es que la causa de la barahúnda en la que se convirtió Juntos por el Cambio es la despolarización, es decir la desaparición, según su mirada, de la “amenaza de una hegemonía kirchnerista“, que para Pagni, ha perdido su vehemencia.
Graficándolo como si fuera un partido de ajedrez, la ansiedad por poner límite al “vamos por todo” de Cristina Kirchner había naturalizado la asociación del Pro con la UCR y la Coalición Cívica desde 2015.
“HACE FALTA OTRO CONTRATO”
Sin embargo el párrafo más revelador de esta divagación en La Nación es el que explica: “Recobran vigor viejas tradiciones. Por ejemplo, el acentuado sentimiento anti-radical que anida en la cultura liberal-conservadora, hoy encarnada en Mauricio Macri. O, de manera mucho más desenfadada, en Javier Milei. La hostilidad del kirchnerismo borraba diferencias en el bloque opositor. Pero ahora, en una nueva escena, muchos simpatizantes del Pro descubren que los radicales son socialdemócratas y que Horacio Rodríguez Larreta es un experonista de padre desarrollista. La guerra contra el kirchnerismo armonizaba a Juntos por el Cambio. Ahora hace falta otro contrato“, dice Pagni bajo un título gancho para su tradicional público lector: “La debilidad de Cristina pone en crisis a la oposición“.
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