Mientras La Libertad Avanza y el PRO avanzan en conversaciones para reeditar un frente electoral en la provincia de Buenos Aires, las dificultades para trasladar ese acuerdo a los territorios volvieron a quedar expuestas. En Zárate, el intendente del PRO Marcelo Matzkin protagonizó un fuerte cruce con concejales que responden a LLA luego de que el Concejo Deliberante rechazara un proyecto de su gestión.
El episodio tiene una particularidad política: Matzkin es uno de los intendentes del PRO más cercanos a Cristian Ritondo, uno de los principales negociadores del partido amarillo con el oficialismo libertario y quien viene planteando, entre otras condiciones, que el PRO conserve el control de los municipios donde ya gobierna.
Así, mientras las conducciones provinciales buscan encontrar un punto de acuerdo para competir juntas en 2027, en los distritos persisten disputas que muestran que la eventual alianza todavía tiene dificultades para ordenar a todos sus actores.
Un proyecto municipal que abrió una interna
El conflicto se produjo a partir del rechazo del proyecto 205, una iniciativa impulsada por el Ejecutivo de Zárate que contemplaba una reducción de tasas para fomentar la construcción, medidas vinculadas con juicios sobre la propiedad privada y un convenio con el Gobierno nacional para finalizar los edificios del antiguo Plan Procrear mediante inversión privada y licitación pública.
Matzkin cuestionó que los cuatro concejales que se identifican con La Libertad Avanza no acompañaran la iniciativa.
“Es inentendible que los que entraron para defender las ideas de la libertad, la propiedad privada, la reducción de la presión fiscal y que deberían sostener los acuerdos con Nación no lo hagan”, planteó el intendente.
El jefe comunal diferenció esa postura de la del peronismo, cuyo rechazo al proyecto consideró esperable por tratarse de una posición política diferente. Pero reservó sus mayores críticas para los libertarios, a quienes acusó de quedar atrapados en “discusiones internas”.
“Es fácil abrazar las ideas de la libertad subidos a los votos de Milei. Lo difícil para estos concejales es ser coherentes con las ideas de libertad”, sostuvo.
Más allá de la discusión puntual, el episodio volvió a poner sobre la mesa un problema que puede resultar determinante para cualquier acuerdo electoral entre el PRO y LLA: qué ocurre cuando dos espacios que buscan competir juntos mantienen estructuras, dirigentes y concejales propios en los mismos territorios.
La discusión que baja desde las cúpulas
La tensión en Zárate aparece mientras Ritondo y los principales referentes del PRO bonaerense buscan preservar espacios de poder dentro de una eventual alianza con La Libertad Avanza.
El planteo del PRO es particularmente sensible en los municipios donde ya gobierna. Allí, los intendentes amarillos no solamente pretenden conservar sus distritos, sino también evitar que el crecimiento territorial de LLA termine desplazándolos de las estructuras locales que construyeron durante los últimos años.
Zárate encaja perfectamente en esa discusión. Matzkin llegó a la intendencia con el sello del PRO y mantiene una relación política cercana con Ritondo. Sin embargo, en el Concejo Deliberante conviven distintas expresiones opositoras y libertarias que no necesariamente responden a la lógica de acuerdos que se intenta construir desde las conducciones partidarias.
El resultado fue un nuevo cortocircuito: un intendente del PRO terminó cuestionando públicamente a dirigentes que, en términos nacionales y provinciales, deberían formar parte del mismo frente político que se busca consolidar.
No es un detalle menor de cara a 2027. La discusión sobre candidaturas y lugares en las listas puede resolverse en una mesa de negociación, pero los conflictos territoriales suelen tener otra lógica: intendentes, concejales y dirigentes locales defienden sus propios espacios y construyen acuerdos que no siempre coinciden con las estrategias de las conducciones provinciales. La situación ya trajo serios inconvenientes en secciones del interior como la Segunda y Cuarta Sección que dividieron el voto opositor y favorecieron al peronismo.
El caso Zárate expone justamente esa dificultad. Mientras el PRO y LLA intentan avanzar hacia una nueva sociedad electoral, la política local vuelve a mostrar que una cosa es acordar para enfrentar al peronismo y otra, bastante más compleja, es definir quién conduce y quién conserva el poder en cada municipio.
Por ahora, en Zárate, esa convivencia volvió a mostrar sus límites.

