La doble vara de los medios de comunicación es evidente cuando se compara cómo se trata la militancia política de los acusados de delitos según su afiliación. El caso del diputado Germán Kiczka, vinculado a La Libertad Avanza y Juntos por el Cambio, y acusado de pedofilia, ilustra cómo se tiende a minimizar o incluso a ocultar sus conexiones políticas, en contraste con el tratamiento que se da a figuras del peronismo o kirchnerismo.
La cobertura mediática presenta una tendencia clara y preocupante: mientras que cualquier vínculo con el peronismo o el kirchnerismo de una figura acusada de delitos se destaca en títulos y bajadas, las conexiones de figuras cercanas al poder actual, especialmente vinculadas a La Libertad Avanza o lo que era Juntos por el Cambio, se ocultan o se minimizan deliberadamente.
El caso del diputado misionero Germán Kiczka es un claro ejemplo de esta práctica sesgada.
EL DIPUTADO ACUSADO DE MISIONES
Germán Kiczka, diputado provincial de Misiones, se encuentra actualmente prófugo, acusado de integrar una red internacional de pedofilia junto a su hermano.
A pesar de la gravedad del delito y de las pruebas que lo vinculan directamente con figuras prominentes del actual gobierno y del espacio antes llamado Juntos por el Cambio, los medios dominantes optan por presentar su caso de una manera ambigua, sin resaltar sus conexiones políticas, como siempre lo hacen.
Kiczka, quien fue elegido por la agrupación Activar, un partido que luego se asoció con La Libertad Avanza, tiene una trayectoria que lo vincula estrechamente con Patricia Bullrich, excandidata presidencial y actual ministra de Seguridad, así como con Eduardo Serenellini, secretario de Prensa del gobierno de Javier Milei.
Fotos y videos que circulan en las redes sociales muestran a Kiczka junto a Bullrich en campaña y en reuniones oficiales en Casa Rosada, sin embargo, estos vínculos son omitidos o minimizados en la mayoría de los titulares de la prensa dominante.
En contraste, cuando figuras del kirchnerismo o del peronismo se ven implicadas en delitos, sus conexiones políticas se destacan desde el primer momento.
La “K” se convierte en un sello inconfundible en los titulares, y la militancia se utiliza para reforzar narrativas de corrupción estructural en esos espacios.
No ocurre lo mismo cuando el acusado pertenece espacios vinculados al poder real. En el caso de Kiczka, los medios optaron por presentarlo casi como un actor aislado, sin mención explícita de su pertenencia a partidos asociados con el actual gobierno, o solo subrayando vínculos locales y provinciales.
“OPERACIÓN DESPEGARSE” PARA PATRICIA BULLRICH
La situación se torna aún más paradójica cuando se observa cómo algunas figuras del gobierno intentan desvincularse de Kiczka tras su fuga.
Patricia Bullrich, quien en su momento defendió la postulación de Kiczka, ahora alega que la responsabilidad recae exclusivamente en la justicia misionera por no haberlo detenido a tiempo.
Esta estrategia de desmarque contrasta fuertemente con la implacabilidad con la que se relaciona a figuras peronistas con sus partidos políticos en situaciones similares.
Este doble estándar no solo distorsiona la percepción pública, sino que también deja expuesto ese sesgo evidente en la manera en que se informa a la ciudadanía sobre temas de relevancia política y judicial.
Los vínculos de Kiczka con La Libertad Avanza y Juntos por el Cambio no son circunstanciales ni fortuitos, y el intento de ocultarlos permite observar un manejo intencionado de la información.
La función de la prensa debería ser informar de manera imparcial y completa, pero cuando la agenda mediática se alinea con intereses políticos y económicos, se corre el riesgo de erosionar la confianza en la información que se brinda.



