La inflación se mantiene en torno al 2% mensual y, para el economista Andrés Asiain, esa persistencia expone los límites de la explicación monetarista que sostiene el presidente Javier Milei. “Hay que quemar manuales”, planteó el titular del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO) en una entrevista con FM La Cielo, al cuestionar que los precios continúen subiendo en una economía con consumo deprimido y un dólar relativamente estable.
La crítica apunta al corazón del programa económico libertario: la idea de que la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario. Para Asiain, la experiencia argentina obliga a revisar esa premisa porque el ajuste fiscal enfría la actividad, los ingresos pierden capacidad de compra y, aun así, los aumentos de precios persisten.
“Si llevás dos años y medio con un plan donde la gente no consume, el dólar está estable y la inflación no baja, tenés que fijarte que por ahí la inflación no es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”, sostuvo.
Inflación con recesión: los límites del programa económico
El economista planteó que el Gobierno logró reducir la inflación respecto de los niveles extraordinarios registrados después de la devaluación inicial, pero no consiguió perforar un piso cercano al 2% mensual. Ese ritmo equivale a una inflación anualizada de alrededor del 27%, aunque la variación efectiva de doce meses depende de la evolución de cada período.
El problema, desde su perspectiva, es que las dos principales anclas del programa —el ajuste fiscal y la estabilidad cambiaria— no alcanzan para terminar con la dinámica de los precios. Mientras el recorte del gasto y la caída de los ingresos restringen el consumo, el dólar relativamente barato tampoco consigue desactivar las presiones inflacionarias.
El economista señaló que el ritmo actual de la inflación devuelve a la Argentina a niveles similares a los que registró entre 2008 y la llegada de la pandemia. “Hay una inflación que se estabilizó en niveles que están cerca del 30% anual, para ponerle un número así más o menos redondo”, explicó, y advirtió que el Gobierno no encuentra la forma de reducirla más, pese al ajuste fiscal, el dólar estable y la apertura comercial.
“Si se confirma que va a haber dos trimestres con caída de la economía, o sea que la economía entra técnicamente en recesión, vamos a estar en un escenario con caída de la actividad económica con inflación”, completó.
La combinación configura un escenario de estanflación, con contracción de la actividad y aumentos de precios. Para Asiain, esa convivencia es precisamente lo que obliga a discutir una explicación centrada exclusivamente en la cantidad de dinero en circulación.
La pelea por los precios y el impacto de las tarifas
El presidente del CESO propuso dejar de buscar un culpable diferente para cada registro mensual de inflación y observar el proceso de reacomodamiento de los precios relativos. En su análisis, los distintos sectores de la economía disputan la recomposición de sus ingresos, en un contexto en el que algunos costos suben por decisiones del propio Estado.
“Cada mes lideran un precio diferente, pero si vos te vas a ir cada mes a echarle la culpa de uno al otro te perdés el proceso de largo plazo, que es un permanente reacomodamiento de precios relativos porque están disputándose los distintos sectores”, explicó.
En esa dinámica, Asiain identificó un factor central en la política de reducción de subsidios y actualización de los servicios públicos. Las subas de las tarifas de electricidad, gas y agua repercuten sobre los presupuestos familiares y los costos de producción, incluso cuando el consumo general se encuentra debilitado.
“La gestión Milei está liderada básicamente por shock permanentemente en los servicios públicos, porque hay una decisión oficial de eliminar subsidios y aumentar los precios”, afirmó.
El cuestionamiento a las estadísticas oficiales
Asiain también puso en duda dos indicadores utilizados en la discusión sobre la evolución de los ingresos y el consumo: la mejora estadística de los salarios informales y el incremento registrado en el consumo de servicios públicos.
Sobre los ingresos de los trabajadores informales, cuestionó que las mediciones arrojen una mejora real mientras caen los salarios registrados y la economía atraviesa dificultades. A su juicio, el cambio en la encuesta utilizada para relevar esos ingresos, sin un empalme adecuado entre las series, distorsionó los resultados.
“Eso es un dibujo total en la medición: hicieron un cambio estadístico en la encuesta que medía ingresos a los informales, pero no hicieron un empalme”, sostuvo.
Y cuestionó la inconsistencia que observa entre esos números y el resto de los indicadores: “Acá se daba el único lugar del mundo donde caía el salario privado, caía el salario público, la economía estaba estancada y los sectores informales aumentaban un 41% por arriba de la inflación”.
El segundo punto se refiere a los servicios públicos. Para el economista, las estadísticas pueden confundir un mayor gasto en pesos, provocado por el encarecimiento de las tarifas, con un aumento de las cantidades efectivamente consumidas por los hogares.
“Como tampoco tiene lógica económica la medición de consumo de servicios públicos, donde en pleno tarifazo, con la economía en recesión y caída de ingresos, las familias no paraban de aumentar el consumo. Era como gente psicópata que a medida que le aumentaban las tarifas consumía más gas, luz y agua”, ironizó.
Y remató: “Lo que hay es un error metodológico: están pasando lo que es mayor gasto por aumento de tarifa a un mayor consumo”.
Un récord de precios internacionales que no llega al bolsillo
La crítica de Asiain también abarcó el contexto internacional. Según su análisis, la Argentina atraviesa un período excepcional por los precios de los productos agropecuarios, los hidrocarburos y la minería, pero esa ventaja no se traduce en una mejora generalizada de las condiciones de vida.
“Estamos viviendo en términos de precios internacionales el mejor viento de cola de la historia argentina, mejor incluso que en la etapa de la soja del gobierno de Néstor Kirchner y la famosa 125”, afirmó.
El economista sostuvo que los términos de intercambio se encuentran en máximos históricos y que el país dispone de condiciones externas especialmente favorables para generar divisas. Sin embargo, cuestionó que los beneficios de esa coyuntura no se distribuyan hacia el mercado interno.
“Argentina hoy es el país en su historia más beneficiado por los precios internacionales; estamos viviendo una época de gloria de vientos a favor, pero no nos enteramos porque este modelo no redistribuye esa renta. Entonces estamos viviendo en la penuria como si Argentina viviera una etapa decadente”, señaló.
En esa lectura, los beneficios impositivos para determinados sectores exportadores y los incentivos del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) forman parte de un esquema que prioriza la inversión y la generación de divisas, pero que no garantiza una mejora equivalente de los ingresos de los trabajadores ni de la demanda interna.
El resultado, según Asiain, es una bonanza que se expresa de manera desigual y deja a una parte importante de la población sin acceso a sus beneficios. “Te sacaron el dulce y te dejaron la faceta mala: tenés la inflación y no tenés el derrame de la prosperidad económica”, sintetizó.


