Hay una coherencia poética en todo el “affaire” Manuel Adorni. El Jefe de Gabinete de un gobierno que predica el orden fiscal, la transparencia y el fin de los privilegios resultó ser un entusiasta practicante de la economía prehistórica, en donde la vida es mucho más que una moneda, son puros “gruesos billetes”.
Para ser exactos 356.640 billetes verdes distribuidos con la precisión de quien sabe exactamente lo que hace, y por qué motivo no quiere que quede escrito ni registrado en ningún lugar.
La fiscalía de Pollicita lleva semanas buscando respaldo documental de esos movimientos. Por ahora encontró lo mismo que en la mayoría de las obras de Exaltación de la Cruz: todo “barrani“, el término que usan en el mundo financiero para expresar transacciones en efectivo.
El country, el albañil y la factura que nunca fue
El expediente revela que Adorni pagó 245.000 dólares en efectivo a un contratista que refaccionó su vivienda en barrio privado, “sin ninguna factura a su nombre”.
Eso, en la taxonomía social argentina, tiene un nombre preciso: es el gesto clásico del recién llegado que compra en cuotas la etiqueta de clase y al contado todo lo demás. Ni la pileta climatizada se declara, el albañil menos.
La joya de la corona es Exaltación de la Cruz. Entre las propiedades que el funcionario adquirió a puro billete verde figura tal inmueble en ese partido bonaerense que, dicho con todo el cariño del mundo, no es exactamente donde la vieja aristocracia guarda sus ahorros. Más bien es donde la nueva alcurnia aspiracional guarda los suyos, en efectivo, lejos de notarios incómodos. El complemento perfecto del “lujo grasa” con destinos visibles y activos invisibles.
El turismo como liturgia del billete
Porque la austeridad tiene sus límites, y los de Adorni están bien lejos. El Llao Llao: 7.000 dólares, en mano. Aruba, hotel familiar: 8.900 dólares, en mano. Vuelo privado a Punta del Este: 4.800 dólares, cancelado (cómo no) en mano, sin recibo. Solo se trata de vivir, esa es la historia.
Todo abonado con la misma moneda con la que este gobierno le explica al resto del país que no hay plata para obra pública ni aumentos de sueldo, que ya no hay cepo, que la inflación baja y que el Estado se achica. El Estado, sí. Los gastos personales, claramente no.
La metáfora de la plata “crocante”, es el escándalo en ciernes sobre los sobresueldos, como en épocas de Carlos I de Anillaco, con su continuación en Fernando De La Rúa y aquel titular de la SIDE, su homónimo De Santibañez.
Plata sin rendición de cuentas que sirve de caja bruta para los colaboradores (sí, también periodistas operadores) más fieles al modelo de la “batalla cultural”, supuestamente contra la corrupción (haz lo que yo digo, más no lo que yo hago).
La fiscalía se pregunta de dónde salió ese dinero. Es, reconocemos, una pregunta algo indiscreta para alguien que cada semana salía a contarnos cómo va la economía.
Adorni la responderá cuando pueda. O cuando quiera. O, a juzgar por el historial, nunca. Pero nadie le quitará lo “nuevo rico”, el mal gusto, y ese tufillo noventoso de hacer dinero cash lo más rápido posible antes que se acabe la fiesta de unos pocos.
Mientras tanto los mortales nos quedamos con la inocencia y la ternura que florece a veces. (Y si) A lo mejor resulta bien?.

