En el ecosistema mediático que rodea a la gestión de Javier Milei, la realidad se procesa a través de un tamiz ideológico que roza lo fantástico. Luis Majul, Horacio Cabak y Franco Mercuriali dejaron hace rato de lado el análisis tradicional para convertirse en los ‘arquitectos’ de una pedagogía del sacrificio.
Ante un escenario que describen como si el país estuviera “en el medio de la guerra”, sus intervenciones se transforman en una gimnasia argumentativa para evitar que el costo político roce a la Casa Rosada. Contorsionistas del discurso oficial.
El invento del “daño Cuca”
La primera pirueta discursiva surge para explicar el aumento del desempleo, que ya alcanza el 7,5%. En lugar de cuestionar las políticas de apertura de importaciones (aunque tibiamente reconocen que tienen consecuencias en el empleo), prefieren acuñar términos como “riesgo/daño Cuca”.
Para Majul y su equipo, la crisis no es un resultado de la gestión actual, sino el “quilombo que hicieron Cristina, Alberto y Massa”. La validación es total y sin matices: “Tiene sentido lo que dice el gobierno”, afirman, autoproclamándose no expertos pero fieles creyentes del relato oficial.
El estigma del consumo “hormonal”
El punto más álgido del contorsionismo argumentativo llega al analizar la caída de las ventas. Horacio Cabak y sus colegas sostienen que el bienestar del pasado fue, en realidad, un espejismo.
Describen el nivel de vida previo como un “consumo recontrarreventado a hormonas”. Según esta lógica, el acceso a servicios básicos y el consumo interno eran un “consumo absolutamente artificial” impulsado por el “plan platita”.
Para estos comunicadores (?) , que la gente tuviera dinero en la billetera era una anomalía estadística generada porque los precios estaban “pisados” por un “dibujo del gobierno”.
La pedagogía del “costo pizza”
Finalmente, el trío mediático intenta convencer a su audiencia de que el empobrecimiento es una forma de sanidad económica.
Con una frialdad llamativa, celebran que las tarifas hayan pasado de representar el 6% al 14% de los gastos familiares. El argumento estrella de Cabak es que antes “era más caro pagar una pizza que pagar la luz” (ni siquiera es original, lo patentó el funcionario Alfonso Prat-Gay en el gobierno de Macri)
Bajo esta premisa, la falta de dinero para comprar comida o bienes básicos es presentada como una consecuencia de que, “lamentablemente, se normalizaron las cosas”.
Así, los nuevos Curly, Larry y Moe del periodismo oficialista, cierran su círculo de defensa al líder: el ciudadano no está sufriendo un ajuste, simplemente está empezando a “pagar por las cosas lo que valen”, terminando con una fiesta que, según ellos, nunca debió existir.

